Variedades

Siguiendo el Destino, Vidas y Sueños -a manera de Cuento-


Desde la perspectiva histórica todo sucede el lunes del 3 de Noviembre de 2003, al despertarme por la acción de los débiles rayos de luz que se asomaban desde mi ventana; ¡Qué día!... se escucha el susurro de las aves que se ciernen sobre el cielo azulado con rizos dorados del amanecer, la débil brisa proveniente del noroeste acaricia las mejillas de una multitud de seres, cuyos “Yo internos”, se regocijan a plenitud; fiestas, bailes, desfiles, fuegos artificiales, abundante comida, la Patria engalanada... pero al mirar y evocar la gesta que se iniciaba, “ese martes 3”, nos sorprende por una serie de acontecimientos que fueron decisivos para consolidar el movimiento. A eso de las diez de la mañana llegamos a la residencia y fuimos recibidos por la pareja que nos había concedido una cita, para conocer detalles de lo acontecido, siendo ellos también protagónicos de los hechos y nos cuentan...
Buenas noches Luisa... buenas noches Pedro, era la noche del lunes 2 para el martes 3, una noche como todas... ¿Cómo todas? Así parecía y transcurría apaciblemente para estos recién casados y jóvenes esposos... hasta que antes del alba tocaron a la puerta: con el Capitán Pedro Antonio que tiene que ir -presentarse- al crucero Bogotá ¡de inmediato! Así, Pedro se alistó, le dio un beso a su mujer y fue al barco que estaba fondeado en la Bahía de Panamá, que era parte de la flotilla en el sector Pacífico. Subió al barco y avistó a sus compañeros... al mirar al cielo, la Luna cayendo hacia el Oeste y Venus a unos 20° despuntaba del horizonte Este, como lucero matutino y Orión, bien alto, como guerrero guardián de los acontecimientos por venir.
Al promediar la mañana, sin saber que el destino iba a ser surgir una naciente nación, Pedro como artillero del Bogotá hacía sus oficios de rutina, hasta que recibió una misiva en la cual se le ordenaba “disparar los cañones hacia la ciudad”. Sin dar crédito a lo que estaba leyendo nuevamente repasó cada línea; el mensaje estaba claro... se percató que el papel no tenía firma, pero conocedor de “sus amigos” supo de inmediato el puño de su procedencia. Provenía de aquel que en la guerra de los Mil Días, él mismo le sostuvo la mano gangrenada para que se la amputaran... le quedó aquella con que escribió, jugando para ambos lados, estos momentos cruciales.
Luisa María contenta por su recién estado de embarazo, desbordaba de alegría, fruto de la unión con el Capitán Pedro, su gran amor, cual conoció vestido de militar blanco, con su espada al cinto, de una de las Compañías del Batallón Colombia, haciendo sus prácticas de ejercicios en la Plaza de la Catedral, que con sus arcos triunfales franceses, le daban un toque de sutil elegancia al espacio donde se yergue la Catedral. Veía, como todos nuestros descendientes, el ir y venir de gente, un estado de nerviosismo, de rostros serios, que presagiaban acontecimientos por venir. Sabiendo que Pedro estaba en el barco, Luisa caminó decididamente hacia el Cuartel Chiriquí.
En mis pensamientos se van formando las imágenes de aquellos instantes, las casas con características coloniales e influencia francesa, edificaciones, la Plaza de Catedral -hoy plaza de la Independencia-, árboles, el vestir de la gente, los modelos de zapatos, las calles adoquinadas, las aguateras, las carretillas, el mar a distancia como velo protector... el Bogotá. ¿Qué realmente pasó? Me hago esta pregunta y me senté como los demás, a conversar con Pedro y Luisa; nos sirvieron una limonada bien fría, acompañada de una mamallena, muy codiciada hace cien años.
Pasando por la calle Tercera se encontró con Mercedes, su mamá, quien le susurró al oído que el movimiento separatista se iba a dar de un momento a otro. De inmediato sus pensamientos se volcaron hacia el Bogotá, ¿Qué le pasaría a su esposo? ¿Qué está pasando dentro de la nave? Una serie de pensamientos le vienen de inmediato, su familia, pasa la esquina de la calle Tercera y... se encamina al centro de la Plaza Chiriquí, donde divisa algunos uniformados. En esos momentos el General Luis A. Tovar se dirige a tierra firme para recibir a los Generales Juan B. Tovar y Ramón G. Amaya, quedando a cargo del insigne navío, el Coronel Jorge Martínez L.
A eso de las 7 de la noche el Coronel Martínez anuncia a la tripulación del Bogotá, que el Departamento de Panamá se había proclamado independiente de la República de Colombia... en ese momento se escuchan susurros entre la tripulación. Pedro observaba con atención el desarrollo de los eventos y al igual que él, todos a bordo asumieron una actitud pacífica; pensaba en su esposa Luisa y el vástago por nacer, los vería, será niña o niño, o sería sencillamente una “Crónica de una Muerte Anunciada”.
Ya en la Plaza logra ver pequeños grupos que con emoción contenida, miran hacia todos lados en busca de respuestas y afirmaciones, sube las escalinatas y al llegar al nivel superior divisa el crucero Bogotá, todavía anclado en las tranquilas aguas que abañan la costa de la ciudad.
¿Le sirvo más limonada? Me preguntó Luisa María... gracias, más tarde. Sus rostros expresaban la satisfacción de haber sido protagónicos y de haber sabido encausar sus vidas, cuyo legado nos llega al presente, como testimonio de una unión, perseverancia, rectitud y honestidad.
En ese momento Pedro A. continúa relatando sobre la serie de disparos con el cañón de 15 libras que provenían del Bogotá, de los cuales los tres últimos los hizo él... los tres primeros fueron hechos por el Coronel Jorge Martínez L., relataba Pedro con sencillez; seguidamente el Subteniente Luis A. Versus disparó tres veces el mismo cañón y al igual que Martínez no causó daño alguno y finalmente hice lo tres últimos disparos y tomando el libro “La Jornada del día 3 de Noviembre de 1903 y sus antecedentes” de Ismael Ortega, lo abre y nos lee al respecto: “De los tres últimos disparos hechos sí pudo haber sufrido la ciudad de Panamá horriblemente dados los conocimientos reconocidos de éste en balística aplicada al manejo y precisión de artillería en general, pero debido a sus innegables simpatías por Panamá, sus disparos -los tuvo que hacer obligado, y para no infundir sospechas- los hizo al vacío, sin elegir blanco: y nada hubo, por eso, que lamentar.”, cierra el libro y nos mira fijamente, reafirmando lo escrito.
En esos mismos instantes, Luisa, que estaba en el Cuartel Chiriquí, situada cerca de donde se hizo el disparo hacia el Bogotá, vio el vapor iniciar su viaje hacia el puerto de Buenaventura; sus pensamientos estaban con él. Y a las 9:50 pm se estaba reuniendo el Consejo Municipal en sesión extraordinaria para declarar la independencia y se muestra la bandera, una de las dos recién terminadas.
Pedro A. hace una pausa y mira fijamente a Luisa, se trasluce paz, quietud, satisfacción del deber cumplido, Luisa, ex - alumna de la Escuela Normal de Institutoras de Panamá, a finales del siglo XIX y maestra de la primera generación de la República, para servir a la Patria, y Pedro, enlistándose personalmente ante el Presidente Porras, como Soldado de Coto, para defender a esta, su nueva casa; me permiten... un poco más de limonada con raspadura, está riquísima y así bien fría... es un coctel de los Dioses. De esta unión dijo Luisa, nueve retoños tuvimos, todas mujeres, como las nueve provincias, todas dignas del fruto de un amor, que a pesar de los acontecimientos del 3 y sus intrigas a lo interno, prevaleció y continúa diciendo, a la vez que sentada en su mecedora, teje un mantel para su mesa de comedor: “Al transcurrir un mes, viajé hacia el puerto de Buenaventura a reunirme con mi esposo, con el que comparto todavía estos gratos momentos... tiempo después regresamos a esta tierra para hacer de ella nuestro hogar y ver crecer a nuestras hijas y nietos y sobre todo como se los decimos hoy a través de vuestras mentes, que cien años después, vemos a una nación que ha sabido ser digna de sus generaciones. ¿Su apellido, me dijo señor?... Quesada... Se escuchan las cornetas y tambores del desfile Centenario...
* Arquitecto


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136552
Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América