No sé a ciencia cierta en qué es mejor: como actor o como director.
Sí sé que tiene más de 70 puestas en escena, “debutó comercialmente en “Mercader de Venecia” en 1993 y en 2004 caracterizó a Cristóbal Colón.

También actuó en “La dama de las camelias”, “El gato con botas” y “Pinocho”.
En “Pinocho”, haciendo de Gepetto, resultó enternecedor. No así en “Aladino”, donde se metió tanto en el papel de malvado que de no ser porque era un montaje y no la vida real, habríamos temido por la suerte de la princesa y su amado. En la obra, de no haber sido por el genio (nunca sobran), cuya acción siempre fue oportuna, quizás no habría podido decirse “y fueron muy felices”.

Fija la mirada en actores y actrices, Gabriel Pérez Matteo, Premio Escena 2010 como Mejor Director, no se pierde un detalle. Está pendiente de las luces, que se siga al pie de la letra el libreto, que el sonido sea de calidad, que la escenografía encaje, que en su momento suceda lo que debe suceder y como debe suceder, según la obra de que se trate.
En “Confesiones de mujeres de 30” no sólo dirige, también ayudó a Luis Gustavo Macías a arreglarse el sostén, para que sostenga lo que tiene que sostener, no vaya a ser que en medio escenario Carmen se quede sin senos, como le ha sucedido con las uñas, que en media escena, mientras trata de recordar el parlamento, se le salta una y tiene que estar pegándola. Por suerte que está en un camerino donde tiene todo a mano.
Para él y Yescenia Navarro presentar en menos de dos horas el intrincado mundo femenino fue un reto del que salen airosos, por segunda vez.
No me dejarán mentir hombres y mujeres que harán cola para verla, como lo han hecho más de medio millón de espectadores en más de 3,200 presentaciones en Latinoamérica y Panamá.