El “smoky eye” es uno de los maquillajes de fiesta más típicos, pero también uno de los más complejos, y es que si no se controla la técnica, lo que pretendía ser un “ojo ahumado”, puede parecer un ojo moreteado.
La clave, como en todo, es la moderación. Sombras intensas y oscuras, sí, pero aplicadas con control, con un contorno definido y previo estudio de la forma de nuestro ojo.

Una de las defensoras máximas de esta técnica es la “socialité” Kim Kardashian, quien utiliza el “smoky eye” de día y hasta para sus salidas nocturnas.
La versión “clásica” de esta técnica -elaborada con el básico color negro- ha dado paso, no obstante, a variaciones en diferentes tonos. Así, hay un “ahumado” ideal para cada tono de piel, cabello, ojos... y, cómo no, para cada ocasión.
Ya que los ojos llevan el punto de atención evita recargar el rostro aplicando demasiado colorete en las mejillas o labios en tonos fuertes. Esto crea un efecto dramático y aunque la tendencia muestra que se puede resaltar ojos y labios al mismo tiempo, si lo que quieres es verte fresca, elige tonos rosa pálido en labios y mejillas para que la mayor atención se centre en tu intensa mirada.