Nadie puede ni ha podido y quizás tampoco podrá definir lo que es el amor, porque cada quien habrá de definirlo a su manera. Para algunos es un simple gesto, una mirada, un abrazo, un beso; o un caluroso apretón de manos.
Por siglos ha ocupado a todos los hombres y mujeres por igual, de cualquier color, raza o cultura que sea. Ha sido el aguijón que ha motivado las obras cumbres del arte y la creación de los más celebrados autores en todos los géneros del ingenio humano ya sea pintura, música, escultura poesía, teatro o literatura en general.
El amor se da en todas las formas y expresiones. Sublime e insuperable el amor de madre. Alentador y fortalecedor el del padre. Fraterno y acogedor el del hermano. Amable y solidario el del amigo. Y el de los enamorados tierno, delicado;a veces sereno, otras tempestuoso; pero siempre insuperable e incomparable a cualquier otra emoción o sentimiento humano.
Nada, ni nadie puede borrar el recuerdo de quien se ama. Ni el odio, el resentimiento, los rencores, la envidia ni el egoismo, ni siquiera el violento fragor de las guerras o el dolor de las tragedias. Nada, en fin, puede destruir el amor de quienes se aman con entrega.
Tanto vale un segundo de amor como toda la eternidad. Los sublimes detalles de un solo instante de amor intenso son superiores a un siglo de historia, porque se eterniza en la gloria imborrable de esa noble fuerza superior que impulsa a los hombres y mujeres de todas las generaciones de la humanidad..
En el amor cierto no cabe el olvido, porque el recuerdo de quien se ama se renueva a cada instante como jardín primaveral en las estaciones de la vida. En la distancia no cabe el olvido, sino el deseo incontenible de estar al lado de quien se ama. La ausencia de quien se ama es como un horno de calor intenso donde se funden los recuerdos de los momentos felices cuando se está juntos.
En la distancia no hay olvido, sólo el claro torrente de la añoranza de quien se ama y que como río profundo y caudaloso llena nuestro ser. Cuando es necesario, el amor siempre calla, perdona y espera.
Y más aún, cuando hay amor verdadero, las cuatro letras con que se escribe compendian cual epitafio sobre una lápida gris la historia al final de la vida de dos seres que se amaron.