En el montaje “¿Quién entiende al sexo débil?”, quedaron claras muchas cosas, para los machistas, heterosexuales, metrosexuales y otros del mal llamado sexo fuerte.
Tan fácil como que dos por dos es cuatro. A las mujeres se les respeta. Y se les quiere bien. No como objeto sexual. No como la cachifa.
No hay que estar comparándolas con los hombres. Tampoco hay que pretender que son iguales a ellos. Recuerden lo de los dos hemisferios cerebrales.
Tampoco piensen que nada más que porque se les ha enseñado que son una costilla de Adán se van a dejar que les quiebren todo el esqueleto solamente por tener un hombre al lado. Cada día tienen más el control.
Mejor es que hombre y mujer sean aliados, que trabajen hombro a hombro, sin medir fuerzas, porque, si ellos tienen la bruta, aunque crean que ellas son las descerebradas, a la larga más pueden maña, paciencia, observación del ‘enemigo’, para detectar su talón de ‘Aquiles’ y otras argucias de las que se valen las mujeres, quienes por generaciones estuvieron confinadas al espacio doméstico y a las que ellos tiran a matar cuando ven que comienzan a llegar a la etapa de la autorrealización en la Pirámide de Maslow.