El mundo y las personas están en constante evolución. Ya no somos los mismos de hace 50 años y ni siquiera de hace 10 años, cuando había reglas sociales muy marcadas, como por ejemplo: "el ser treintona (treintón), no estar casada (o) y sin hijos era un total fracaso". En esta época, el concepto de familia ha cambiado. En estos tiempos, los lazos familiares son una mezcla de amor hacia sobrinos, mascotas o simplemente a tus proyectos de vida. El decidir no formar una familia o casarse ya no es un tabú. El amor y entrega a la vida misma se ha vuelto una "idea revolucionara", la cual no la veo egoísta, sino más bien una nueva tendencia que va unida al amor propio, a la mejora continua como persona, al encuentro con uno mismo y la lucha constante para encontrar los sueños.
Muchas personas me entenderán este concepto y otras sencillamente no. Pero lo que les deseo compartir es que hay que tener la "mente abierta" para comprender que ya no "somos los mismos". Yo soy fiel creyente de cambios, de retos y de mucha aceptación. Y esto último, "aceptar", es el hecho de detenerse y captar que hay cosas que no pueden cambiar y lo que hay que hacer es mejorar. Ejemplo concreto: ¿Por qué no consigo pareja? La respuesta es: porque aún no ha llegado el indicado. Y cuando aceptemos que esto es así, simplemente nos dedicamos a nosotros, a no desesperarnos y a enfocamos en nosotros mismos, a disfrutarnos y trabajar en cada uno.
Otro punto que deseo tocar en esta columna es que el ser "soltera (o) y sin hijos" no significa que "no tengamos prioridades", que no tengamos "nada que hacer" o que nuestros proyectos no sean importantes. Todo importa, todo es primordial en nuestras vidas. Nuestros sueños se convierten en nuestros hijos y les damos la misma atención como la que les da una madre a sus propios críos. Ahora bien, mi columna es total para la reflexión, es abrir esa brecha que no se habla, es llevar al entendimiento de que seamos tolerantes con el modo de pensar de las personas, de que no todos somos iguales y por eso lo repito: "hay que tener una mente abierta", no criticar ni juzgar y respetar las decisiones de los demás.
Actualmente, conozco muchos "solteros y sin hijos" en busca de un emprendimiento, con la lucha continua para alcanzar sus metas y ese "carpe diem" que nos identifica que en su traducción significa: "aprovecha el momento", o como lo digo yo: "vive el hoy". Disfrutando el día a día, sin pensar en lo que no tengo y en lo que tendré. Preocupándome menos y no ahogándome en los problemas. Buscando soluciones y aceptando realidades. La vida solamente es una y de eso se trata: vivir haciendo las cosas correctas, aunque nadie es perfecto, pero del error se aprende sin duda alguna.
Un "soltero sin hijos" puede en algún momento extrañar una pareja o en algún momento le pudo pasar por la cabeza el hecho de tener hijos, pero esto no lo deprime porque entiende que "no es el momento". Que el momento es precisamente "hoy" y por eso el concentrarse en cada uno se vuelve eje central. Claro, tampoco quiero que se escuche egocentrista, porque les confirmo y soy testigo de que se preocupan por sus familias, pero también tienen responsabilidades que no pueden dejar a un lado.
Decidí escribir acerca de este tema para que entendamos un poco más esta nueva tendencia. Como lo he comentado anteriormente en otra columna: "no nos ha dejado el tren ni el metrobús u otros medios de transporte", sino que estamos felices de quienes somos, aprendiendo, desarrollándonos para así conseguir el éxito personal que deseamos y contribuir por un mundo mejor.