El 5 de octubre de 1952, con la modesta cinta de espías "El satánico Dr. No", el mundo conoció a un agente secreto pulcro, pero mortífero, que lucía trajes de los sastres más finos de Londres, conducía un Aston Martin, prefería sus martinis agitados, no revueltos, y se presentaba a sí mismo como "Bond, James Bond".
Aunque sabemos que el agente 007 es ficticio, no lo es para millones de cinéfilos, que una vez más acudirán en masa a verlo luchar por la reina y su país cuando la 23.ª entrega oficial de la serie, "Skyfall", se estrene este año.

James Bond tiene tanta importancia para los británicos, que en la pasada ceremonia de los Juegos Olímpicos en Londres se vio una escena en la que la reina Isabel II se voltea a ver a su elegante invitado y le dice, "Buenas tardes, señor Bond". Esto deja claro que Bond jamás morirá.


