Son de Mar es Pasión abrasadora, incontenible, que arrastra a Ulises y Martina, derrumba barreras y los conduce por inexplorados senderos, los hace caer presos en su embrujo y los conduce a una muerte que cual los personajes del Titanic en vez de separarlos, los une para siempre.
Es también simbolismo, realismo mágico, ese entrelazar entre fantasía y realidad, el escudarse de la gente en sueños truncados, sueños recurrentes, anhelos insaciables, la animalización del individuo cuando manda más en él la carne que el espíritu, el morir ficticio y el real.
¿Quién le iba a decir a Ulises Adsuara que le tocaría vivir una odisea, como el famoso Ulises de la Odisea que después que naufragó volvió a tierra luego de diez años?
Ulises Adsuara y
Yul Brynner tienen en común en Son de Mar que fueron amados por Martina. El primero fue el amor de carne y hueso, cuyo cuerpo no guardaba ningún secreto para el de Martina, porque se amaron hasta la saciedad, en la playa, entre las rocas, bajo los naranjos, en el Valle de la Alcudiana, en la gruta donde se hallaba el aljibe donde estaba el caballo de grandes ojos negros degollado. La parra de la cantina, los pájaros, la ensenada, las cavernas, el acantilado, .. Se amaron, como dice el autor, con amor cabrío de la adolescencia.
Son de Mar, del periodista y escritor valenciano, Manuel Vicent, la obra ganadora del Premio Alfaguara de Novela 1999, que será presentada hoy en noche en la Universidad Santa María La Antigua, USMA, es una amalgama de personajes de la mitología con artistas de Hollywood, nudistas, pescadores... Allí azar y azahar se dan la mano.
SOBRE EL AUTOR
Manuel Vicent tiene cosechados varios premios Alfaguara: en 1966, 1994, 1996, 1997 y 1998, con las obras Pascua y Naranjas, A favpr del Placer, Crónicas Urbanas, Del Café Gijón a Itaca, Tranvía a la Malvarrosa, Jardín de Villa Valeria, Los mejores relatos y Las horas paganas. También ganó el Premio Nadal con Balada de Caín, el Premio González Ruano con No pongas tus manos sucias sobre Mozart. Es colaborador de El País.
AMOR SIN FRONTERAS
Son de Mar una historia de un hombre conquistado por el mar y una mujer a la que inicialmente creyó haber conquistado. Ulises fue conquistando y explorando el cuerpo de Martina Lambert a la vez que exploraba el paisaje de la costa, de forma tal que "la topografía de aquel litoral llegó a estar unida al amor que iba despertando en la chica". El mar rugiente unas veces, calmado otras, fue testigo, como la naturaleza, de aquel amor indómito entre un profesor de historia griega y la hija del tabernero de El Tiburón, en Circea, la pequeña ciudad costeña donde una vez llegó Yul Brynner a filmar la película "Donde la Tierra Termina" y Martina, casi una adolescente, quedó prendada de él y lo idealizó. Después llegaría Ulises y con sus historias mitológicas fue metiéndosele en la sangre y en la mente de ella hasta que sin darse cuenta ninguno cayeron bajo el influjo de Cupido que certero los hirió con su flecha de amor.
Allí, al lecho de arena que hace más de diez años le había formado con sus manos Ulises para que se recostara y donde escribió con el dedo el fragmento de la Oda de Horacio que dice: "Adondequiera me precedas, los dos iremos, ambos iremos, caminantes dispuestos a hacer juntos el viaje sin retorno". Allí, donde la besó por vez primera, retornó, el cuerpo, esta vez sin vida, de Martina cuando ambos se ahogaron en el naufragio del Son de Mar en su recién iniciado viaje hacia la isla de Sumatra.
MIL FORMAS DE AMAR
En la novela se confirma que el amor entra por la boca, porque esa atracción y pasión desenfrenada nació fue en la taberna cuando Ulises devoraba ricos guisos y otros platillos hechos por Martina y su madre, mientras miraba la recién lavada ropa interior de Martina, que como carnada ella colgaba en el jardín de parras, lo que hacía volar la imaginación del joven profesor. Pero también entra el amor por todos los sentidos. Los amantes se saborean a plenitud, se comunican con los ojos, la yema de los dedos, la boca....
Son de Mar esta preñada de simbolismo. El esmoquin de la mancha roja en la solapa (con que se casó Ulises y con el que lo enterraron), el atún, los domingos de agosto, agoreras, sueños recurrentes, el mar, los ojos (del caballo del aljibe). Es otro símbolo la propia barca Son de Mar donde soñaba Martina que algún día Yul Brynner la iba a invitar a tomarse una copa. Quien la invitó fue su náufrago primer esposo y amor de su vida, Ulises, quien se convirtió en su héroe cuando mató al caimán que el segundo esposo de Marina, Alberto Sierra, despechado, dejó en la cabina. Alberto Sierra, el magnate de Circea, amo y señor de todo, con todo su dinero no pudo comprar el amor de Martina a quien amó desde niña y con la que tuvo dos hijas, pero a la que en verdad nunca poseyó del todo, porque el corazón y pensamientos de ella siempre los regaló a su Ulises por quien lloró hasta que las cuencas de los ojos se le quedaron sin lágrimas.
Son de Mar es una novela cargada de amor, pero también de lujuria, de apetitos insaciables y de irreverencias...porque la pareja parecía un par de animales en constante celo.
Personajes de obras célebres se mezclan con personajes de la historia de la humanidad.
FUE EN AGOSTO
El cuerpo de Ulises Adsuara apareció flotando un domingo de agosto a las dos de la tarde cuando la playa estaba llena de gente.
Fue también un domingo de agosto que desapareció en la barca Marina, bautizada en honor a su esposa a la que prometió la noche anterior cuando ella le preguntó si la quería: "Te traeré el primer atún. Esa será la prueba de que te quiero".
Fue un domingo de agosto, en la fiesta organizada por Martina para celebrar los 50 años de su segundo esposo, Alberto Sierra, cuando, a tempranas horas de la madrugada " Marina fue por un calmante a la cocina...enseguida vio que aquel hombre le mostraba un pez que llevaba en la mano y le sonreía de forma muy familiar". Era Ulises, pero un Ulises fornido, quemado por el sol, sin el mordisco que ella le había dado en el cuello una vez loca de pasión. El náufrago con que tantas veces en su soledad de viuda soñó.
-"Dije que te iba a traer el primer atún de la temporada. He tenido que ir hasta la isla de Sumatra a pescarlo- habló sosegadamente Ulises elevando la pieza capturada". "He dado la vuelta al mundo para saber que te quería y que nunca podría vivir sin ti".
Desde entonces se adueñó de ella una tempestad interna y vivió una aventura con alguien que "no existía" porque había muerto y hasta se le había hecho una misa de difunto en Circea. Pero, el "muerto", volvió y jilgueros y canarios, el mar, la noche, las estrellas, hombres y mujeres de la leprosería, fueron testigos de la energía erótica que quemaban los amantes en cada reencuentro.
"Toda la energía erótica acumulada durante diez años con tantas noches de soledad, las lágrimas reprimidas, aquella melancolía potenciada por la muerte acababa de saltar de su cuerpo quebrándolo por la cintura. Puede que haya mujeres que por miedo a perder su seguridad se sometan a un hombre. Martina encontró su fuerza en someter a Ulises sólo en el placer que le proporcionaba su posesión y a partir de ese momento su poder no hizo sino crecer hasta apoderarse de aquel cuerpo por completo como una de las serpientes de Laocoonte".
Pero la muerte les arrebató esta dicha prestada que vivieron: "La silueta de Martina vestida de blanco en cubierta y Ulises de esmoquin agarrado al timón, los dos brindando con champán, fue la última imagen que los amantes proyectaron sobre el mar en calma".
"-Quién eres?- Ahora que vamos a morir dime quién eres- preguntó Martina".
" -Quién eres tú?- preguntó a su vez Ulises levantando la copa de champán".
Fue n domingo de agosto. Martina abrazada al ramo de flores silvestres y Ulises con la copa en la mano. Así se los tragó el mar cuando Son de Mar zozobró.
Entre bañistas, en la playa., vestido con el esmoquin de su boda, apareció flotando una tarde agosto el cadáver del guapo Ulises. Martina, la novia, también flotaba muerta, pero más bella que nunca, vestida de Chanel, cerca de la cala de los nudistas.
Luego de los protocolos de rigor vino el entierro. "La ceremonia que había comenzado como un rito fúnebre terminó con las características de una boda. Los féretros fueron sepultados en el cementerio marino. Mientras los féretros de esta pareja de náufragos bajaban a la sepultura, alguien del duelo, mirando la bahía, comentó que ya estaban pasando de nuevo los atunes".