Recuerdo en la secundaria una clase de Lógica en donde nos hablaban de cómo el mundo está lleno de falacias que propagamos nosotros mismos con nuestro hablar generalizado y erróneo.
Así vemos que se ha pregonado tanto que los servidores públicos son gente irresponsable, deshonesta y serruchadora que a veces no son sujeto de confianza y la mayoría, que es buena, trabajadora, honesta y le importa sus compañeros, paga los platos rotos.
La mejor carta de presentación de cada individuo es su comportamiento y el servidor público, bien lo dice el cargo, está precisamente para eso, para servir a los contribuyentes y no contribuyentes. Y con prontitud, buenas maneras, eficiencia y efectividad, porque vivimos en un mundo altamente competitivo en donde lo que sobra es gente desempleada esperando una oportunidad, que alguien pudiese tirar por la borda o que se le arrebatase de las manos por razones políticas: necesidad de saldar compromisos adquiridos durante la campaña, lo que implica despidos de unos para colocar a otros.
"Al que le caiga el guante, que se lo plante", dice el refrán, con mucho acierto. Si usted es de los servidores ejemplares, pase por alto lo siguiente. De lo contrario, preste atención, su pan podría estar en juego.
Tengan un trato respetuoso hacia el público y sus compañeros de labores.
No sea confianzudo: eso de decirle a los demás "abuelo", "tío", "mami", "paciero", "sopà" y otras palabras que implican exceso de confianza es mal visto por muchos. Use señor, señora, señorita, joven.
Sonría, sonría, sonría. Abre puertas, anima, motiva y es muy saludable para usted.
Sea atento, "lo cortés no quita lo valiente". Dar los buenos días, decir ¡por favor!, ¡gracias!, ¡disculpe!, con permiso, ¿podría esperar un segundo?, ¿sería tan amable de hablar más alto, más bajo?, ¿podría repetirme su nombre, por favor?, permítame su cédula, por favor, ¡hasta pronto!, ¡hasta la próxima, ¡tenga usted un buen día!, no cuesta nada, hace sentir tan bien y da buenos resultados: se gana la buena voluntad de los demás. En el mundo estamos para granjearnos amigos, no para ir sembrando nuestro nuestro recorrido con minas que en cualquier momento pueden estallar.
Escuche inteligentemente y demostrando interés por el habla del otro. No le interrumpa cuando hable. Hable lenta, claramente y en un tono medio.
Esmérese por dar respuestas soluciones. Eso de "yo no sé", a mí no me corresponde", "esto no es asunto de mi competencia", no es válido.
Siempre habrá alguien con quien podrá de obtener ayuda para orientar a quien le solicita un servicio o información, o habrá alguien a quien pueda referir al solicitante para que sea atendido como se merece y después de invertir su tiempo en una diligencia no es justo que retorne a casa con las manos vacías, cansado, de mal humor y sintiendo que el funcionario público y por ende el gobierno es un fiasco. Eche mano de los recursos que tenga y esmérese en estar al tanto de todo lo que tiene que ver con su institución.
Recuerde que un cliente satisfecho hablará bien de usted y su institución y ayudará a cambiar la imagen negativa que se tiene de casi todo lo que está vinculado con el gobierno. Además, de hecho, todos, en un momento dado somos clientes del gobierno y como subsistemas sociales representamos eslabones de la misma cadena, si está corroída por el óxido (léase hay corrupción, negligencia, abuso del poder, injusticia), de una forma u otra nos afectará.
Demuestre iniciativa y capacidad de liderazgo. Empiece por liderar su vida y su agenda con sabiduría. Sólo así ganará tiempo, recursos, confianza el respeto propio y de los demás.
Sea honesto, que su decir y su actuar no se contradigan. No se lleve objetos de la institución, ni los dañe, porque eso es vandalismo.
No utilice a los demás ni permita que lo utilicen. Con respeto presente su punto de vista, sus propuestas, sus argumentos. Si tiene la razón no claudique. El tiempo lo demostrará.