El músico británico Paul McCartney, de 65 años, asegura que mantiene la ilusión de hace varias décadas por su trabajo, de manera que, si echa la vista atrás, "antes ser músico era excitante y nuevo. Ahora sólo excitante".
McCartney dio anoche un concierto en la mítica sala Olympia de París.
Cuando, tras una larga espera, más de un centenar de periodistas son autorizados a entrar a la prueba de sonido, McCartney y su banda les reciben a los sones de "Let it be".
El retraso con el que se ha desarrollado toda la sesión de prueba hace que la rueda de prensa sea corta y desigual: los periodistas están en el patio de butacas y el músico de pie sobre el escenario, el que ha dominado durante décadas y desde el que desgrana simpatía y deja la imagen de "niño bueno" que ha tenido siempre, aunque ahora sea un feliz abuelo.
Lo que no cambia es su interés por su trabajo: "Me gusta lo que hago, amo la música", dice el bajista, que hace unos meses sacó un enésimo álbum, llamado "Memory almost full".
La razón de ese título hay que encontrarla en su celular, siempre lleno de mensajes y en el que aparece, a veces, que la memoria está casi llena.