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Su corazón puede quedarse en Heidelberg


Heidelberg, en Alemania, es una ciudad netamente turística, no porque los alemanes la hayan convertido en un destino turístico más, sino porque sus paisajes de ensueño, su castillo de cuentos de hadas y el romance que le imprime el río Neckar la hacen irresistible para el visitante.
Enclavada en las riberas del río, la ciudad se caracteriza por su arquitectura antigua, los puentes señoriales, las grandes catedrales, los innumerables almacenes y los acogedores restaurantes, amén de los hoteles con habitaciones antiguas y espaciosas.
El área vieja, con sus calles empedradas, estrechas y cerradas al paso de automóviles, invita a visitar sus tiendas de venta de ropa, calzado y souvenirs, cuyos precios son más bajos que los de la capital del país.
De igual forma, el visitante puede adquirir artículos de recuerdo en sus plazas, donde los puestos de venta al aire libre ofrecen desde plumas grabadas con el escudo de la ciudad, hasta suéteres, gorras, tazas, relojes, balcones y bolsas para guardar las compras.
Es una ciudad que atrae tanto a alemanes como a extranjeros, no sólo por el turismo, sino por constituir un centro de estudios al albergar una de las universidades más viejas de Europa (la Universidad de Heidelberg), la tercera más antigua, fundada en el siglo XIV, después de las de Praga y Viena.
Cada semestre, las 15 facultades de la universidad reciben a unos 4 mil nuevos estudiantes. Del total de los 27 mil registrados actualmente, el 15% no es germano y proviene de unos 128 países del orbe.
En pleno invierno, Heidelberg ofrece un clima frío, pero no tanto como otras ciudades alemanas. De hecho, por ser una zona algo cálida, se produce muy cerca de allí un buen vino alemán: el de la casa de Adam Müller.
Gran cantidad de restaurantes, donde el visitante puede degustar desde comida italiana, alemana, japonesa, china, hasta mexicana, están abiertos al público en un horario que pasa de la medianoche.
Si el turista desea salir del centro del casco antiguo, sólo tiene que subirse a un monorriel que lo llevará a la altura de una colina donde se encuentra el Castillo de Heidelberg, lugar donde puede observar el barril de vino más grande del mundo y catar vinos a temperatura ambiente o calientes, como si tomara el té.
En las faldas de la colina y en la cima también hay tiendas de souvenirs bien surtidas.
Desde el castillo el visitante otea, por encima de sus murallas, los paisajes más espectaculares que el ojo humano pueda captar: Heidelberg en toda su plenitud, con el río Neckar como centro.
Puede visitarse además, un museo con un vasto surtido de medicinas, hierbas y envases, así como alambiques, guardados y conservados durante siglos.
Este poblado del Estado de Baden Wrütemberg, tiene mucho que ofrecer a propios y extraños y al visitante puede ocurrirle lo que a un turista que dijera al pasar: "Mi corazón se quedó en Heidelberg".


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10936
Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América