Variedades

Su pintura se defiende sola

Miguel Ángel Morales pide a los pintores que sean originales, creativos, que no copien a otros y que lean.


Su estilo es neoprimitivo. Ha vivido en Europa, Estados Unidos y ahora retornó a su patria para ayudar a levantar la cultura y porque quiere que sus negritas también cuelguen en los hogares de gente de su terruño y que quienes quieren aventurarse en el mundo de la pintura tengan otras referencias.

Miguel Ángel Morales, en cuyo estudio se respira arte por doquier, nos dice orgulloso: “Soy creador. Mi cultura es la negroide y eso pinto, lo real, lo que hay en el mercado, en las calles”.

Benita, la ya fallecida florista de Calidonia, la alegre negra que andaba con un platón lleno de flores en la cabeza y de la cual el Prof. y periodista Agustín del Rosario escribió la historia, que también fue llevada al teatro, pues fue su musa inspiradora. Después vinieron otras.

 

Él opina que es bueno que más gente sienta interés por incursionar en las artes plásticas, pero considera que deberían investigar más, leer la historia del arte, conocer sobre los clásicos, las tendencias porque, se pregunta, “¿quién ha dicho que el pintor no debe tener una cultura amplia?”. Añade que “es necesario viajar, que vean otras cosas. Yo, hace 20 años -comencé a pintar tarde, casi a los 30- me fui a Estados Unidos. Quería explorar, visitar museos, conocer a los grandes maestros. Casi toda esta pintura que Ud. ve aquí fue efectuada allá. Pero tengo enraizadas mis raíces. Soy panameño-americano. No cambié mis raíces. No me puse a pintar lo que otros pintan. Viajé a Europa. Estuve en Francia, Holanda y otros países... Vean diferentes cosas, refresquen la vista, pero no para copiarse...”.

Él trabajaba en la Contraloría, en Auditoría. Participó en un concurso de pintura de los empleados de esta institución estatal y allí salió el pintor que había en él.

Recuerda también que estuvo en el Centro de Arte y Cultura del Ministerio de Educación.

 

Allí, “Yolanda Bech me ayudó a explorar y desarrollar mi habilidad innata. Era gratis y la gente no iba. Iba la gente de bien”, rememora.

Trabaja en París y otras grandes capitales del arte. Sus negritas y floristas se venden bien. Le gusta pintar obras en formato grande, óleo.

Suele pintar varias obras a la vez “porque así uno se va refrescando de una obra a la otra. Hoy no le ves el error, mañana, sí. Porque cada vez que las ves, las ves con otros ojos”.

 

Trabaja doce horas diarias.

“Ese es mi oficio. Adoro mi trabajo, lo disfruto. El arte cansa porque uno se entrega a él totalmente, gustosamente”.

En septiembre tendrá una muestra individual en una galería local en Paitilla.

 

De su pintura, nos dice también que es alegre, como las negritas, llena de colorido. Se vende muy bien. Aunque, aclara, “no tengo que hablar bien de ella, porque ella se defiende sola”.

Le encanta cuando le dicen “yo quiero una de tus negras”, “quiero una de tus floristas”.

Piensa que en Panamá “pintores hay bastante, pero artistas hay muy pocos. Es que no es fácil. Nadie se quiere sacrificar. Hay muchos a quienes les gusta copiar y no definen su línea y es porque son inseguros y están neófitos en la historia del arte”.

Él invita a colegas y a estudiantes de arte a su estudio y a hablar de arte.


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430699
Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América