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¡A su salud, Alteza!


Eran las siete y treinta de la noche cuando los cerca de 200 invitados se mantenían en la parte inferior de la Casa Amarilla, residencia contigua a la Presidencia de la República. Todos, damas y caballeros, seguramente en su interior muy ansiosos por saludar a su "Alteza Serenísima", el príncipe Alberto de Mónaco.
Ellas, espléndidamente ataviadas con el mejor traje de gala seleccionado para la ocasión, y ellos, elegantemente vestidos con traje de etiqueta negro, esperaban pacientemente mientras eran llamados uno a uno para subir al piso superior, donde estrecharían las manos del monarca, en compañía de la presidenta.
Para los miembros de los medios de comunicación, la labor no fue fácil. Sólo se permitía la entrada al salón de la cena, a los fotógrafos y camarógrafos acreditados, pero no así a los periodistas que recabarían información. Pero las restricciones fueron muchas más, entre ellas, el hecho de que tanto el príncipe como la presidenta intercambiaron condecoraciones en un acto al que sólo tenía acceso la prensa oficial.
Los periodistas que finalmente tuvieron la oportunidad de entrar al salón, se encontraban con la sorpresa de un pequeño cerco al que denominamos "corral", en donde debía mantenerse la prensa bastante aglomerada.
Pero para el que quería ser más positivo, también se encontraba con un salón bellamente decorado. Decenas de mesas adornadas con elegantes arreglos, en donde las rosas rojas y las orquídeas blancas fueron el punto de atracción. La combinación del decorado y los vestidos era simplemente espectacular y hasta podría decirse que tuvo un toque "real".
No obstante, es definitivo que las vistas estaban sobre un solo sujeto... Alberto de Mónaco. Con traje de gala de cordeles amarillos, del que pendían las condecoraciones recibidas, se diferenciaba del resto de los invitados, no sólo por su vestimenta, sino por su elegancia propia de un príncipe. De ojos azules levemente escondidos por un par de anteojos claros, Alberto se mostraba como un hombre joven, sereno, con cabello al ras, pero no por ello menos atractivo.
A su lado la presidenta Mireya Moscoso, especialmente vestida con un largo traje satinado en rosa, que combinada con su característica sonrisa, la hacían lucir como una linda anfitriona. Luego de un cálido brindis en el que la mandataria alzó su copa para brindar porque esta visita abriera una era de relaciones fraternas entre ambos pueblos, se anunció el discurso de su Alteza. Sorprendiendo a muchos de los presentes, el príncipe realizó su saludo protocolar completamente en español, no obstante su discurso fue dicho en francés.
Con "Muchísimas gracias" cerró su intervención el príncipe, al tiempo que dijo en español: "levanto mi copa en amistad por ambos países". Es la segunda vez que el príncipe de Mónaco visita nuestro país, aunque en esta ocasión lo hacía en visita oficial para firmar acuerdos sobre intercambios de información turística y financiera. Su visita de dos días, tras su llegada este martes a Panamá, deja un velo de esperanza entre la comunión de ambas naciones, que según el príncipe son sumamente similares.
Inmediatamente los comensales darían paso al esperado banquete real en donde se les ofreció como entrada un cóctel de langostinos, una crema de espárragos, y seguidamente, langosta a la termidor con vegetales como plato fuerte.
La elegante cena, en la que predominó el marisco y que fue acompañada por un "frapé de menta", fue preparada por el chef Salvador Salas, en compañía de los cocineros de la Presidencia de la República. La buena bebida también hizo acto de presencia, en donde se degustó el vino tinto Merlot "Christian Moueix", así como el vino blanco "Calvet", ambos de reservas francesas.
El príncipe Alberto vestía a su arribo a Panamá un elegante traje azul oscuro, combinado con camisa blanca y corbata azul cielo salpicada con pequeños círculos en tonos a contraste. El príncipe Alberto evitó responder si se sentía perseguido por las mujeres.
Horas después de su llegada al país, el Príncipe Alberto de Mónaco, luciendo una panabrisa, pantalones kakis y zapatillas deportivas recorrió el Canopy Tower en el Parque Soberanía, no sin antes degustar de un exquisito almuerzo preparado por la Sra. Cuquita de Calvo. Posteriormente se trasladó al Canal de Panamá.
Al ser abordado, por los periodistas, el Príncipe agradeció las atenciones recibidas y en son de broma señaló que "ahora que le han dado una posición honoraria de operador del Canal está dispuesto a venir en cualquier momento".


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106876
Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
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