La frase
- Los libros no me han hecho rico, pero me he divertido mucho escribiéndolos. Probablemente el libro que más satisfacciones me ha dado es Los pantalones largos, porque escandalicé a mucha gente y eso me encantó a mí.
Marino, bombero, instructor, periodista, institutor, profesor, esposo, amigo, escritor... son calificativos y algunas de las profesiones, oficios y actividades a los que se ha dedicado Ernesto “Neco” Endara.
Se queda con los tres últimos.

Quisiera también tener mayor potestad para poder decidir qué Panamá quiere. Otros, no siempre los mejores, lo han hecho por él. Abriga, en lo más profundo de su corazón, una esperanza: “...Yo sé que adentro de esta gran ciudad está la ciudad aquella que yo amaba y quería. La de los años ‘50 y ‘60. Preciosa, limpia, sana.”
Esa ciudad donde él creció. Esa ciudad que le vio nacer y evolucionar como escritor. Esa ciudad donde los niños y los mozalbetes “no habían perdido la inocencia”.
No es que “Neco” Endara señale con dedo acusador a nadie. Ni al crecimiento demográfico. Pero añora su ciudad. Aquella donde los árboles no eran como extraños. Quizás no le conversaban como a su homólogo Ricardo Miró sobre tiempos idos, pero estaban allí, de cara al sol, como elementos ‘Sine qua-non’ de la urbe. Sin temor de las hachas, retroexcavadoras o sierras asesinas de la especie más ‘civilizada’.
Por eso, porque es un enamorado de la naturaleza, cuando “Neco” Endara escogió hace 45 años donde vivir, optó por un sector donde se respetaba los árboles: Las Cumbres.
Tuvimos el placer de entrevistarlo hace un par de semanas en lo que fue una amena tertulia enriquecedora para nosotros.
Nos recibió afable, lleno de energía positiva, con esa risa que, no sé por qué, nos recuerda a Tom, de “Las aventuras de Tom Sawyer” y a “Huck” , de “Las aventuras de Huckleberry Finn”, dos personajes y obras de otro grande de la pluma, Mark Twain (de EE.UU.).
Allí estaba él, junto con su esposa Milly. Allí, en su santuario, rodeado de más de 5 mil títulos. Entre ellos varias enciclopedias. Y, por supuesto, obras de algunos de aquellos personajes ilustres que admira: Nelson Mandela, Jorge Isaac, Voltaire...
Durante por lo menos una hora dialogó con nosotros sobre la vida: algunas de sus batallas del ayer y del hoy, su infancia, sueños, amigos, viajes, concordancias y discordancias, temas profundos y baladíes, asuntos que alegran su espíritu y otros que lo entristecen, hambres del cuerpo y del alma, planes...
En su mente, ordenados, como los libros de su inmensa biblioteca, nuestro interlocutor tiene a montones recuerdos y cuando saltábamos de un tema a otro los iba sacando de cada carpeta de su ‘disco duro’ que aún tiene muchos gigabytes disponibles.
Fue así como supimos que estudió en el Colegio La Salle (cuando quedaba en el Casco Antiguo) y el Instituto Nacional. Cuando cursaba V año se ganó una beca para ir a estudiar a la Escuela Náutica de Venezuela.
Como marino recorrió mundo. Fueron experiencias inolvidables. Pero, renunció a esa vida por dos razones: “el mar no es bueno después de seis años. Y, por mi mujer”.
Ella le atrajo desde que era estudiante. Y, como sabía que ella escribía poesía, un día se lo hizo saber y la sorprendió. Fue un pretexto para entablar amistad.
De eso ya han pasado más de 50 años. Ella ya no escribe poesía. Él sigue firme en su compromiso y pasión literaria. Son padres de tres hijos y tienen 6 nietos y 3 biznietos. ¡Ah!, y un gato.
Un gato que, a mi parecer ha sido entrenado como un perro. Si por él fuera no se separaría de su amo ni a sol ni a sombra.
Camino a la biblioteca nos precedía. Miraba en derredor para asegurarse que no había moros en la costa. Por estar alerta en una ocasión mató una culebra.
Y, lo más curioso, según nos confesó entre risas su amo, es que: “Él no sabe que es gato”.
Lo que sí sabe alguien que ha sido clavadista, beibolista, baloncetista, boxeador - y quería ser cantante y de hecho cantaba cuando tomaba una ducha y se imaginaba que era Frank Sinatra y que el público le regalaba aplausos- es que un buen día, ya grandecito, decidió que quería ser escritor. Fue cuando se puso a pensar con qué iba a llenar sus días y le pareció que no sería sentado en un café hablando, componiendo el mundo. Tampoco le pareció buena idea estar parado en una esquina echándole piropos a las mujeres.
“Tenía que ser haciendo algo que a mí me gustara”.
Es de la garulilla de los escritores exquisitos
La escritora Rosa María Britton, nos dijo acerca de él, que “es un tipo muy creado”. Son tantos sus pensamientos y capacidad de creación. En las distintas posibilidades: cuento, novela, ensayo, teatro, poesía.
Ella considera que a “Neco” Endara , “que es un hombre muy dedicado a la literatura, no se le ha valorado, no se le ha dado la importancia a su obra. El INAC no lo ha promovido suficiente”.
Respecto de la personalidad del escritor, expresó que: “ es entretenido, dicharachero, tiene una cantidad de anécdotas que no te cansas de escuchar. Cuando se junta a conversar con César Young y José Franco, es un espectáculo.”
Ella lo conoce desde 1978. Fue él quien le presentó a Rogelio Sinán. A través de “Neco” Endara ella conoció también a “Franco, Young y toda esa garulilla de poetas y escritores exquisitos que tenemos en Panamá”.
Él es autor de alrededor de 30 libros. Varios han sido adaptados al cine. Actualmente, hasta el 31 de agosto, está en escena en el Teatro en Círculo “El veredicto”, del que es co autor con Juan David Morgan, otro de sus grandes amigos.
Atesora algunos recuerdos y fotos de viajes
¿Qué más podemos decir acerca de este polifacético escritor? ¡Mucho!
Por ejemplo, que es un “fanático de la miel”, que otro alimento que le encanta es el chicharrón.
Que él mismo construyó “bloque a bloque”, su estudio, que sin temor a equivocarme puedo afirmar que es más grande que muchas de las casas y apartamentos de hoy día, que parecen cajitas de fósforo. Tiene baño independiente, un jardincito y hasta un sendero privado. Allí él se desconecta de todo, para crear mundos, personajes, contar historias donde ficción y realidad son como las caras de la misma moneda.
También, les decimos que él puede ufanarse de que conoció al poeta Ricardo Miró.
Fue en l941: “Yo tenía 9 años. Me llevaron al Teatro Nacional. Era un homenaje que le hacían a Miró. Le ciñeron una corona de laureles. Después declamó Patria”.
Además, Endara nos puso al tanto de que no solo como marino cruzó océanos. También viajó mucho cuando trabajó para la famosa empresa Caterpillar. Era instructor.
Viajó como marino casi siete años.
Recorrió Europa, África y América. Le faltaron Asia y Australia.
Esas vivencias. El conocer tantas culturas alimentó todavía más su, ya de por sí, mente creativa.