Ser bella, ser joven, tener un sueño y confiar en desconocidos le costó a Milena (cuyo nombre era Alka) años de vejámenes.
Cuando abandonó su ciudad natal, se daría cuenta de que había algo peor que la pobreza que vivió en su infancia y adolescencia en Croacia: ser mujer objeto de abuso sexual.
De manera descarnada se enfoca el flagelo social de la trata de mujeres para el negocio del sexo.
Habla de las estrategias de que se vale esta red mundial de delincuentes, corruptos e inhumanos que atenta contra la integridad física y la moral de jóvenes ingenuas que caen en sus garras y les resulta difícil salir de ese túnel negro que las engulle y cual sanguijuelas insaciables, las sangran, le roban las esperanzas, para luego -si sobreviven- desecharlas como si fuesen basura.