Vivir una mentira es algo común en la sociedad, debido a la necesidad de aferrarse a situaciones, estatus y personas.
Resultado también de construcciones culturales que muchas veces no responden a otra lógica que la de ese constante deseo de llenar vacíos. O, quizá, a la búsqueda de aceptación. La negación de lo que se es. El ansiar ser lo que no se es. La especie, para no sentirse tan vulnerable, dependiente ni cosificada les ha llamado sueños. Fallidos terminan siendo los de varios de los “locos” personajes de esta comedia, en la que no queda otra que reír a gusto.
Son cuatro teatristas quienes se encargan de llevar a la concurrencia que aprecia las artes escénicas por esta divertida travesía, en la que los chascos están a la orden del día.
No escatiman esfuerzos ni dejan escapar oportunidad de demostrar sus quilates en el tablado, siempre bajo la dirección del mismísimo Arturo “Tuto” Wong, sí, al que verán -en el papel de Vanya- demostrar casi una paciencia ilimitada frente a su hermana de crianza, a la que muchas veces no termina de comprender.
Ante la actuación de ellos hay que quitarse, no la camisa y mostrar su musculatura, como lo hace Spike, sino el sombrero, porque se lucen.