Obviamente lo hice en este caso, con 'Extraordinary Measures', pero no es el tema. Cuando entré en este negocio, ni siquiera sabía los nombres de los estudios de cine. Al año y medio de haber llegado, había conseguido un contrato de 150 dólares semanales. Y si hay algo que aprendí es que ellos, gente que a lo mejor ya falleció porque ya pasaron 40 años, no tenían el menor respeto por una persona que quería trabajar por apenas 150 dólares a la semana. Por eso siempre supe que el valor que yo le ponga a mi trabajo va a ser el valor que yo tengo en relación al respeto que también causa.
¿El sistema cambió demasiado con los años? “Antes, me mandaban un guión, yo llamaba a alguien por teléfono diciéndole que me encantaba y enseguida me contestaban que les parecía grandioso y que la hiciéramos. El proceso era diferente, hoy no es así. Hay mucho menos dinero y el negocio tampoco es tan saludable como solía ser”.