Variedades

"Tan pobres como la suciedad y tan ricos como la tierra"


Nuestro pequeño grupo, de tan solo seis personas, se fue quedando en silencio, tal vez meditando sobre lo minúsculo que parecíamos en presencia tan majestuoso lugar, Cirí Grande, un lugar espléndido donde la mano de Dios a bendecidos con un sin número de recursos naturales. Hoy la destrucción pone en peligro su existencia futura que afectaría a cada uno de los seres humanos que ahí viven y que han aprendido a ganarse su escaso sustento trabajando la tierra.
EN MARCHA
El camino de curvas sinuosas, en sus primeros 15 km. se encontraba en buenas condiciones, totalmente asfaltado y atravesaba diferentes poblados; Villa Carmen, Santa Cruz, Loma Rica, Ollas Arriba, Caimito y La Valdeza. Desde este ultimo la carretera presenta algunos inconvenientes tornándose totalmente de tierra por la cual debíamos avanzar aproximadamente otros 15 km. mas.
La maestra Marcela Morales quien viajó con nosotros, junto con el pequeño Benjamín, había trabajado por espacio de dos años en la comunidad de Cirí Grande, así que se convirtió en el guía de nuestra excursión.
El tiempo corría y cada ves se nos hacia más largo el viaje, con la llegada de la noche nos encontrábamos en la población del Cacao donde nos abastecimos de lo más necesario.
EL RELOJ DE LA VIDA
Ya tarde descendimos para entrar en un pequeño valle en el corregimiento del Cacao en las montañas de Capira, atravesamos una quebrada y penetramos en la plaza de una aldea, que consistía en no más de una docena de chozas construidas de maderas y troncos, un templo católico y un puesto de salud, fue justo en ese momento cuando escuchamos: ¡ Hemos Llegado!..
Al bajarnos del vehículo conocimos a los padres de Benjamín quienes pusieron todo a nuestra disposición, por su parte los niños saludaban emotivamente a su antigua maestra y nos rodeaban dando brincos de un lado a otro.
Dejamos atrás esta eufórica bienvenida y nos dirigimos hacia la escuela donde pasaríamos la noche sin saber lo que deparaba el destino para el grupo al día siguiente.
Aquel día, nos levantamos temprano y bajamos por la colina atravesamos el pueblo llegando hasta la casa de Benjamín donde nos esperaba un buen desayuno.
Era un mañana cálida de cielo despejado y nuestra mirada había sido fijada en el Cerro Cirí Grande, un pequeño cerro de unos 552 metros de altura que sirve de limite a los corregimientos del Cacao y de Cirí Grande.
Le comentamos al señor Dorindo, padre de Benjamín, sobre las intensiones del grupo y se ofreció como nuestro guía. Dejamos el automóvil muy cerca de la falda del cerro y nos enfilamos hacia la cumbre por un seco y polvoriento sendero. El camino ascendía muy pronunciado entre precipicios toscamente erosionados, luego de 45 minutos de ascenso rápido llegamos hasta la cumbre.
De repente rompimos el silencio solo para escuchar los relatos de nuestra guía, quién nos explicaba lo difícil de la vida en un lugar tan apartado donde la práctica de la tala y la quema marca el reloj de la vida. A diferencia de la gran mayoría de agricultores que practican el arado y la fertilización de suelo, estos campesinos queman hectáreas dentro del bosque, siembran y luego de unos años se trasladan a un sitio cercano para repetir el proceso una vez más.
La mínima cosecha que obtienen muchas veces solo les alcanza para su consumo, cuando es buena se trasladan hasta los mercados de las ciudades más cercanos donde venden el producto.
La repetición de estos ciclos pueden desencadenar terribles daños a la vida humana y animal que habitan en los alrededores, como en la Cuenca del Canal entera, provocando desequilibrio en los ecosistemas con la destrucción de los últimos remanentes bosques que quedan en el área.
De regreso a la casa, nos encontramos con el pequeño Benjamín quien sin zapatos y con sus ropas sucias jugaba con sus hermanos. Al mirarlo comprendí, tal vez producto de la vivencia de aquel día, Lo que es realmente continuar con sus costumbres, aferrándose a los pocos recursos que le quedan.


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38851
Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América