No es daltonismo ni un efecto de la luz, como en el caso del polémico color del vestido de Roman Originals que tantas reacciones provoca. Se trata, en este caso, de la última moda, no exenta de riesgos, en tatuajes, que comenzó en Estados Unidos y que hace furor en algunos lugares del planeta, especialmente en Singapur. El blanco de los ojos pasa a ser azul, rojo, verde o negro gracias a unas inyecciones de tinta, aplicadas entre la esclerótica y la conjuntiva. El pigmento queda entre ambas capas y se extiende por todo el ojo.
El pionero de esta técnica es el autodenominado “artista del cuerpo” Luna Cobra, un norteamericano afincado en Francia que comenzó a realizarla en el año 2007 para imitar a los personajes de “Dune”, película de culto de ciencia-ficción. La formación médica de sus padres le resultó de gran ayuda para llevar a cabo este procedimiento en Gran Bretaña, Australia y Estados Unidos.
El tatuaje o tinte de ojos no es un invento reciente. este tatuaje se practicaba ya en el año 150 a.C.
La coloración de córnea se implementaba para intentar la curación del glaucoma y leucoma.