En un seminario sobre masculinidad, en el extranjero, los panameños quisieron salir huyendo cuando en un momento se dijo que iban a practicar la abrazoterapia (simplemente darse un abrazo) y los nacionales se resistían, pero no les quedó más remedio que hacerlo, y luego entendieron lo que significa un abrazo y que darlo como una demostración de afecto, no les resta virilidad.
No obstante, cuando esos hombres volvieron a Panamá e intentaron practicar esa dinámica en sus lugares de trabajo, fueron tildados de raros, entonces les tocó explicar la "abrazoterapia" al resto de sus compañeros. Esta experiencia, es prueba de que la sociedad panameña necesita un cambio, para tener hombres más humanos, fue el consenso en un panel abierto sobre masculinidad, donde plantearon su realidad.
Los hombres panameños son tildados de no tener afecto, ser desapegados y poco comunicativos, pero esto es culpa de las mujeres que los crían para ser así y les imponen reglas que después critican, según señaló Ricardo Mejía, un hombre resocializado. Es así como señala, que las mujeres son las responsables de la conducta masculina y que no puedan sentir, entender ni comunicarse con ellas, porque les marcan límites hasta en los juegos.
Es por esto, que a pesar de que la sexualidad es una de las cosas sobre la cual más presumen los hombres, no pueden ni se atreven a hablar de ella, señala Pedro Cedeño, especialista en talleres de Masculinidad. "La sexualidad es el tema sobre el cual más les cuesta hablar a los hombres, se niegan a hacerlo", precisa.
Ni hablar de los sentimientos, de demostrar afecto o preocupación por su apariencia, porque temen que su virilidad sea cuestionada, más que por los hombres, por las mismas mujeres. Es por esto que a los hombre les cuesta aceptar que practican una conducta equivocada en contra de las mujeres, cuando ellas son quienes los forman.
Es por esto que a juicio del especialista, la mayoría de los casos de violencia surgen porque los hombres tratan de buscar un culpable cuando las cosas no salen como ellos quieren o le llevan la contraria, y lamentablemente, la pareja es la persona más cercana sobre quien desbordar las frustraciones.
"Es difícil para un hombre aceptar que tiene fallas, que es culpable de algo, porque sería como dejar de ser hombre", indica Cedeño, quien imparte talleres para grupos de hombres de diversas edades y estratos sociales.
Como consecuencia de tanta presión para cumplir con un rol y demostrar su virilidad, los hombres se hacen alcohólicos, porque es de machos pasarse de tragos; no van al médico, porque las mujeres son las que viven quejándose, y se suicidan por problemas sentimentales, porque no soportan que una mujer lo deje, y como no está acostumbrado a comunicarse y hablar de sus sentimientos, quitarse la vida es la solución.
No obstante, ya hay hombres que han empezado a cambiar, por medio de los nuevos planteamientos mundiales, sobre la nueva masculinidad, la cual debe ir más allá de la virilidad basada en los órganos reproductores. Ellos quieren que las mujeres los veamos como seres humanos, expuestos al dolor y con necesidades afectivas.
Sin embargo, a la mujer se le ha dado el rol de reproducir el machismo, y obviamente los hombres siguen esa cadena con su pareja y sus hijos, por eso es importante que tanto hombres como mujeres, productos de una concepción social, que afecta sobre todo a las mujeres, comiencen a escuchar a esos hombres que le rodean, para conocerlos y entonces poder evaluarlos y replantear normas.