A SUS setenta y cinco años, Neco Endara continúa ejerciendo el trabajo de escritor a tiempo completo.
No sé si le pasa a los demás, pero en mí nada permanece inmutable. Los sentimientos son más plásticos de lo que los románticos desearíamos reconocer. ¿Cómo no va a cambiar algo que es un sentir? Los sentimientos son barro suave en las manos del tiempo. Con respecto a las letras, mi sentimiento ha pasado de ser un gas inerte a casi ungüento sólido. Lo que empezó como una pose, como un hobby (vaya palabra ruin para asociarla con algún arte) se fue convirtiendo con los años en una querencia, una necesidad, una pasión, una razón más para vivir.
Detrás de cada opinión hay un opinador. La libertad de pensamiento siempre trae consigo una opinión; pero no siempre una opinión está respaldada por un pensamiento libre.
Los géneros literarios son como señales de tránsito. El tema que se cocina en la cabeza, seguramente tiene un género en el cual se expresará mejor. No siempre uno acierta. Por ejemplo, escribí el tema de "Demasiadas flores para Rodolfo" como un cuento y no impresionó a nadie, ni a mí mismo. Lo convertí en una obra de teatro y ganó un Miró y luego, en su estreno en el Teatro Nacional, tuvo bastante éxito (más que todo por la fina actuación de mi amigo Harry Iglesias).
Hombre, no he pensado nunca en eso. Déjame ver. El único personaje que tal vez se encuentre detrás (ojo, observe que digo "detrás") de toda mi obra es Pithias, el duende. En mi época de bohemio, solía conversar con este duende que dijo llamarse Pithias (según mis amigos, era el inicio de un delirium tremens). Intenté por la vía literaria materializar estos diálogos. Así, mi primer intento con las letras fue escribir una "Duendología", que a la fecha no he terminado, por lo cual Pithias no se me baja de la oreja y se mete en todo lo que escribo. Hace veinte años dejé el trago y, aunque no he dejado el cuento, no crea que esto es un cuento.
Mire usted, que hace poco sufrí el ataque de una colonia de comején. ¿Sabe qué se comieron? Devoraron a un devorador: el Gargantúa de Rabelais; y también un pequeño libro panameño: Allá onde uno, de Moisés Castillo. Pues bien, ese humilde libro panameño fue fundamental para iniciarme en literatura. Ese libro me dio un gong en el coco: «¡Clannnnggg! Tú también puedes escribir», me dijo. Y, ya lo ve, no he parado. Me ha dolido esta pérdida. Ese libro, junto al Huckleberry Finn, de Twain, fueron los dos con los que inicié mi biblioteca amada.
Por dentro y por fuera. Desde Las Bóvedas que es la lengua, hasta Las Cumbres que es el dedo gordo de su pie izquierdo, esta ciudad y yo palpitamos al mismo ritmo. Al menos eso creo yo.
Acercarme un poco a comprender el sentido de la vida. Es probable que la literatura me haya guiado a éstas, mis penúltimas conclusiones: los libros, el mar , la libertad y el amor (aunque estas dos últimas se contradigan) han llenado las mejores horas de mi vida.
Ni una letra, pero embarcado leí con la misma sed de aquel señor Quesada o Quijada (que luego devino en Quijote) y, como él, viví varias novelas. El mismo mar es un libro que podemos leer si lo vemos recostados a la borda de estribor o de babor; y es un adivino que en la estela del barco nos dice el pasado y si miramos desde la proa, nos anuncia el futuro.
Dos días después, en la misma cafetería, Neco volvió a hablar de las letras, de los premios Nobel, de los libros y de sus viajes como marino. Cuando lo dejamos, se arrinconó en una mesa de las últimas que están pegadas a la pared, con su computadora marca "mac", que según él, son muy amigables para un escritor.
Las obras Blackjack, Ráfagas, Pantalones cortos, Pantalones largos, Ida y vuelta, la trilogía de novela, están de venta en Exedra Books, Supermercados Riba Smith y la Cultural.
¿Por qué volvería a leer Cien años de Soledad, editada con prólogos de Mario Vargas Llosa y Carlos Fuentes?
Soraida Chong, periodista: "La leería porque es una edición conmemorativa de Cien Años de Soledad; al parecer, tendrá todos los ingredientes de un libro que los amantes de la lectura no podrán resistir: Bella edición y textos de grandes escritores latinoamericanos como Carlos Fuentes, Álvaro Mutis y Vargas Llosa.
Edilberto Trejos, abogado: "La primera vez que leí Cien años de soledad tenía 14 años; de ese tiempo acá, la he releído cinco veces. La volvería a leer para descubrir cómo llegó el hielo a Macondo. La lectura de esta obra me llevaría esta vez a cerrar el ciclo de esos cien años de soledad. Me interesa saber qué dicen estos escritores del Gabo".
José Luis Pitty, escritor: "Como toda buena literatura, la releería por el placer que se logra con estas páginas, que además a los escritores nos sirven como un punto de referencia y un ejemplo. Cuando leo esta novela, me siento muy identificado con los personajes que son, al mismo tiempo, universales. Esta sería la sexta vez que releo la novela".
Modesto Tuñón, profesor: "La volvería a leer, porque de su lectura podría derivar la consistencia de la obra, lo que la hace perdurable. El mensaje de esas introducciones son visiones históricas de lo que es el continente y una consolidación de una imagen del autor latinoamericano que ha logrado perdurar en el tiempo".
Griselda López, profesora: "Cien años de soledad la he leído muchas veces, durante mi trabajo como profesora; esta vez la releería, aunque no esté de acuerdo con los ideales políticos de los escritores que escriben los prólogos, Mario Vargas Llosa y Carlos Fuentes, aunque ambos sean excelentes escritores. Esta novela es el pasaporte terrícola, es decir, para vivir en la tierra".
"Tengo un duende en la oreja"
El domingo, luego de desayunar con las nietas, Neco abrió un espacio para hablar de su narrativa. El resto del día lo ocuparía arreglando una máquina, en un supermercado.