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Tercer cuerpo, donde la felicidad es escurridiza


La vida lo tiene arrinconado. Él es como una hoja que el viento arrastra de un lado para otro.

Él es trabajador. Él es un hombre bueno. Él es un buen hijo. Un buen hijo que quería que su madre se sintiera orgulloso de él. Así lo habría de decir, más tarde, en la misa de dos meses de fallecida ella.

Ella, su madre, ya lo había destetado hace más de 60 lunas. Pero, la luz de su presencia se apagó cuando él en el otoño de su vida necesitaba ese espaldarazo para no doblar el lomo y mirar de frente a la sociedad. 

Mirarla de frente y atreverse a develar ese gran secreto suyo que le quemaba, pero que custodiaba con celo, para evitar ser estigmatizado.

 

Ellas lo querían bien. Quizás Sandra más que Mónica. Pero nunca las hizo parte de su esfera privada. Lo suyo es suyo.

La muerte de su madre había hecho a Héctor bajar la guardia.

 

El dolor pesa. Pesa mucho.Quizás tanto como la culpa.  

No sabía él si más que la cobardía, la inseguridad o el qué dirán.

 

El qué dirán que era como un monstruo al que sin conocer temía. 

Pero ahora no había espacio para el temor. El dolor era el inquilino no deseado en su corazón.

Héctor se sentía atrapado. Tendría que claudicar.

Necesitaba un respiro. Necesitaba reordenar su vida. Necesitaba una razón para vivir.

A mal palo se arrimó.

Ellas, Sandra y Mónica, también tenían cada una su propia cruz que cargar. Intransferibles.

Sandra es una buena trabajadora y una buena mujer.

Ella, Sandra, daría lo que sea por  tener un hijo.

Acude puntual a su cita semanal para ver si está camino a ser madre.

Tener un bebé es casi una obsesión. Al punto de que llegó a inventar que su pareja y ella hacían lo indecible para procrear.

A Sandra, ese deseo insatisfecho de ser madre la acompaña las 24 horas. La domina. Le recuerda sus vacíos. La frustra.

Hasta llegó a inventarse pareja. Hasta se atrevió a proponerle a un Héctor aún dolido por la pérdida de su madre que le haga un hijo.

Él jamás se enteró de la propuesta. Estaba en su mundo. Un mundo donde ni Sandra ni su hijo no tenido tenían espacio. Un mundo donde el qué dirán le cortaba las alas.

Un mundo donde ni siquiera pudo asomarse Mónica, aunque no fue por falta de intentos.

Un mundo donde sólo cabía alguien muy, pero muy especial para él. 

Asfixiante. Parlanchina. Siempre creía que tenía la última palabra, la mejor idea, el mejor consejo... Mónica no era  lo que se dice una mala persona, pero, ¡suéltame!  sería el grito de quien tuviera que soportarla y fueran menos pacientes que sus compañeros de oficina, a los que le sobraba empatía.

Sí señores, Héctor y Sandra merecen el cielo por aguantarle tanto a la buena de Mónica, que era experta en meter la cuchara donde no la llamaban.

Se tomaba atribuciones que nadie le dada. Era como un aguijón, pica que pica y cuando se le metía un tema, asunto entre ceja y ceja no soltaba a la presa.

Inquisidora, dominante, inoportuna, hasta parecía que en mala hora tuviese el don de la omnipresencia, porque cuando ya sus compañeros creían que les había dado tregua, salía de Dios sabe dónde, con su sarta de preguntas impertinentes o sus comentarios inoportunos y faltos de tacto.

No culpamos a sus familiares y conocidos por no querer ni vivir ni convivir con ella. Querían aire.

Manuel merece una cucharada de su propia medicina. La vida le pagó con la moneda que reciben los que creen que alegremente pueden hacer infelices a los demás por culpa de su indecisión y falta de transparencia. 

Manuel se dejaba amar. Simplemente jugaba con los sentimientos de Sofía. Andaba quejumbroso y se daba sus perdidas y nunca daba razones de dónde y con quién pasaba la noche.

Sofía amaba loca, desesperadamente, a Manuel. Hacía lo que fuera por complacerlo. Le suplicaba amor. Le prometía lealtad. Le dolían hondo sus desplantes. Lo besaba con frenesí...

No se explicaba qué pasaba con él. ¿Acaso no entendía que su amor por él rebasaba este mundo? ¿Acaso había algo malo en ella?

El tiempo le diría que no. El problema no era ella.


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Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América