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Teresa de Ford: Yo soy historia viviente


Nació en 1910 en Penonomé, extraña mucho la honestidad, el romanticismo y la urbanidad de antaño fue investida como Gray Lady por la Cruz Roja Americana en la provincia de Colón, donde atendió en el Hospital de Fort Gullick a soldados heridos de la II Guerra Mundial.
Teresa de Ford, relata que a los 16 años vino a estudiar a la Escuela Normal y fue discípula de pedagogos de la talla de Abel Bravo, José Guardia Vega, Deborah de Ayala y Pablito Arosemena. "Entonces vino Harmodio Arias y fundó la Universidad. Las primeras clases se dieron en el Instituto Nacional. Todos ellos habían hecho magníficos estudios y no hubo que importar profesores", puntualiza.
En amena tertulia doña Teresa de Ford, quien nos dijo que es dos veces viuda, que la trilogía tolerancia-amor y comunicación obran maravillas en un matrimonio y que Colón tuvo los mejores muelles del mundo, siguió trayendo a su mente y compartiendo con nosotros recuerdos: "Las primeras nupcias yo las contraje a los 19 años. Siempre fui de avanzada. Planifiqué mi familia: 3 niños son suficientes para educarlos bien. En 1926 me fui a vivir a Colón, donde residí 58 años. Formé parte de la ciudad de Colón, una sociedad heterogénea. Allí se oían todos los idiomas. En la misa de las seis el padre tenía que hablar tres idiomas, porque había elemento martiniqueño, jamaiquiño y españoles".
"Antes uno se casaba hasta la muerte. Tienes que tener una tolerancia inmensa. Sobre todo tiene que haber amor, si tú amas no sufres mucho con la diferencia de criterio entre el hombre y la mujer y en el amor se tolera todo. Después vino el divorcio. Ahora tienen más libertad. Antes si la persona nacía fuera del matrimonio no podía llevar el apellido del padre. En 1960 se hizo el reconocimiento ante la ley de que los hijos eran iguales fuera y dentro del matrimonio", rememora.
Su familia es muy unida. Tiene tres hijas y una nieta y un nieto a quienes adora.
Pese a sus más de 90 años, las ideas fluyen en la mente de la señora Ford con una rapidez sorprendente y de un tema pasa al otro con suma facilidad. Es así como nos cuenta que "en Colón la vida era muy de avanzada. Teníamos los mejores muelles del mundo de donde salíamos en barco al exterior, con mucha facilidad y comodidad. Había muy buenas amistades entre gente de todas las culturas".
Habló de los inicios del Club Interamericano de Mujeres, fundado por mujeres norteamericanas. Ella presidió el de Colón y el de Panamá al cual pertenece. Forma parte del Comité de los Ciegos, que fundó la Sra. Cecilia Smith Arias de Dudley porque nadie se preocupaba en Panamá por los ciegos. Siendo ella presidenta del club gestionó para que el IPHE les hiciera una sede en Las Cumbres con la cooperación del Club de Leones.
Explicó que a los/las ciegos/as los cuidan, los llevan al dentista y les evalúan la visión con los mejores médicos de Panamá a los que les pagan un porcentaje de lo que cobran. Hay ciegos de nacimiento a los cuales esos galenos les han restaurado la vista.
Destacó otros logros como las casas de terapia para el Hospital Psiquiátrico que el Club les ha construido y dijo que en el Asilo Bolívar continúan ayudando.
"Somos mujeres que nos gusta la ternura, así es que vamos al Asilo Bolívar con la Banda de la Policía y hacemos bailes y todas bailan con los pacientes, les brindamos comidas y refrescos".
Acerca de la infancia, habló sobre el apoyo a Malambo con niños abandonados en el Hospital del Niño, muchos de ellos con SIDA, a quienes las monjitas atienden con amor.
Con entusiasmo relata un homenaje que le hicieron: "Yo vivía en Colón al lado del hospital de Fort Gullick (construido para alojar a los heridos de la guerra mundial) y éste era del ejército de los Estados Unidos y nos consideraron a las damas de la Cruz Roja Panameña para darnos un seminario dentro de la Cruz Roja Americana para atender a los soldados de la guerra que venían al hospital. Después nos invistieron con nuestra cofia, con nuestros uniformes, con nuestra cruz roja en la recepción más esplendorosa que he visto". Allí les confiriero n el título de Gray Lady, el nivel más alto de la Cruz Roja Americana. Sólo hay dos sobrevivientes de ese grupo de damas: Olga Arcia de Leignadier y la Sra. Teresa de Ford.
"Como le dije al principio, yo soy historia viviente. Esta es la historia de mi vida compendiada", dice y comentamos: "...historia de mi vida compendiada. porque yo soy, cual la gavioara aquella...usted me acaba de recordar la Ultima Gaviota de Ricardo Miró".
Y, he allí que ella sonríe y relata: "Yo conocí a Catalino Arrocha Graell y él me contaba que el gobierno de Chile creó un programa de becas para los jóvenes panameños y el día que fueron a la marina donde cogían el barco que los llevaría a Chile, todos los becarios llegaron a tiempo, menos Ricardo Miró y no pudo ir y se quedó en la marina y escribió "La Ultima Gaviota".


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81591
Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América