Esta ha sido una semana particularmente sagrada para esta religión, ya que el fin de semana pasado se celebró el Rosh Hashana, el año nuevo judío.
Como explica el rabino Gustavo Kraselnik de la Congregación Kol Shearith Israel, la conjunción de ambas festividades se conoce en el judaísmo con el nombre de Iamin Noraim, lo que puede ser traducido como días solemnes, imponentes o terribles. “Es una época de reflexión, análisis, balance”, detalla el rabino, quien indica que en el Rosh Hashana Dios juzga a cada ser humano, por lo que cual es importante que cada quien reflexione sobre su propia vida.
Y es que, de acuerdo a la tradición judaica, la semana entre la culminación del Rosh Hashana y el inicio del Yom Kipur, que es considerado el día más sagrado del año judío, debe ser usada para que cada uno de los creyentes profundicen en su arrepentimiento, enmienden su camino, y mediten acerca de cómo evitar a incurrir en los mismos errores del año pasado.
El rabino afirma que desde hace dos mil años estas dos festividades constituyen “los días más solemnes del calendario”, y se consideran como “jornadas profundamente espirituales”. De acuerdo con el calendario hebreo nos encontramos en el año 5 mil 764. Este año, como se viene haciendo desde hace milenios, durante el Rosh Hashana se tocó el “Shofar”, un cuerno de carnero que viene a simbolizar la necesidad de un despertar espiritual para aquellas consciencias que se encuentran “aletargadas en la rutina de los días”. “Si después de una jornada tan importante uno vuelve a la rutina y no ha cambiado nada se ha perdido el tiempo”, resaltó.
También se comieron manzanas con miel para augurar un buen año nuevo para todos, además de otras comidas festivas. Además, los participantes de la ceremonia se desearon uno al otro que su nombre fuera inscrito en el “Libro de la vida”.
A diferencia de la mayoría de las festividades judías, en las que las personas se reúnen en sus hogares, la mayor parte de las actividades religiosas relacionadas con el Yom Kipur tienen lugar principalmente en las sinagogas, en las que los creyentes se reúnen en jornadas de plegaria que tienen lugar entre el anochecer del domingo y el del lunes.
A través de la oración, los judíos piden perdón a Dios por las faltas cometidas hacia él. “El reconocimiento de los errores cometidos es parte importante de la celebración”, precisó Kraselnik.
Para impulsar este proceso de arrepentimiento e introspección, durante la ceremonia se lee la historia del profeta Jonás, la cual el rabino asegura que enseña mucho sobre la capacidad de arrepentimiento del ser humano. Para él es importante que los fieles recuerden que Dios no “castiga automáticamente apenas cometida una falta, si no que es un Dios misericordioso que está esperando nuestro arrepentimiento”.
Además de la oración, otra tradición de este día sagrado es el ayuno de comida y bebida que también tiene lugar entre el domingo y el lunes. “El objetivo de este ayuno no es, como muchos creen, la flagelación y el sufrimiento, si no la dejar a un lado las necesidades fisiológicas que constituyen la parte animal del hombre para concentrarse plenamente en la parte espiritual”, explicó.
Lógicamente las actividades de la rutina diaria también son postergadas, por lo que mañana la comunidad judía panameña no trabajará.
Durante el Yom Kipur también se dedica un servicio a la memoria de aquellos familiares, amigos, y miembros importantes de la comunidad que hayan fallecido.