CON gran satisfacción hemos visto que la Asamblea Legislativa aprobó en segundo debate el proyecto de ley que declara el día 19 de marzo como el Día de los Valores Familiares, promovido por la Diputada Susana Richa de Torrijos, quien justificó su propuesta con la crisis de valores existente en nuestro país.
Felicito públicamente a la Diputada Torrijos, porque es una gran noticia que debía alegrarnos a todos. La falta de valores en la sociedad es un mal endémico, y lo detecto a diario en los seminarios que dicto para empresas, instituciones y a personas particulares, en donde algunos de los participantes, por suerte no todos, carecen de las más elementales normas de educación, y lo que es peor, no creen que son importantes. (Por ejemplo, es común que me comenten que al llegar a un sitio no dicen "buenos días", porque "para qué, si la gente no contesta").
Los valores familiares son las creencias personales acerca de lo que es elemental y lo que no lo es; lo que es correcto y lo incorrecto, lo que es bueno y lo que es malo. Cada familia tiene su propia visión de los valores, aunque no muchas se detienen a pensar sobre ello.
Soy una convencida de que la base de los valores está en lo que llamo "la educación de cuna", aquella que no se aprende en la escuela, sino en el hogar en los primeros años de la vida. Lo que se aprende en la familia tiene una gran fuerza determinante que marca las bases de los valores morales.
El niño aprende o debería aprender en la familia habilidades tan esenciales como hablar, obedecer a los mayores, proteger a los más chicos, compartir, participar en grupos respetando códigos, diferenciar de manera elemental entre lo que está bien y lo que está mal, etc.
Cuando el niño asiste a clases por primera vez ya lleva gran parte de esos valores aprendidos. La escuela le enseñará matemáticas, geometría, cuál es la capital de Chile y dónde está situado el corazón, pero a decir permiso, a pedir las cosas por favor y agradecerlas con un "gracias", el respeto a los demás, la honestidad y el decoro, eso se aprende en el hogar, y los maestros no deberían subestimar el predominio docente que tienen los valores propuestos dentro de la familia, ni mucho menos dar como un hecho que ante ese papel no pueden hacer nada por los alumnos.
Para que la familia desempeñe su papel modelador es necesario que alguien en ella asuma el papel de adulto, y ese papel no puede adjudicarse por sorteo.
El padre que sólo le interesa convertirse en "el mejor amigo de sus hijos" y la madre presumida que espera que la confundan con la hermana mayor de su hija no aportan mucho.
En nuestra vida tan agitada de hoy da la impresión de que no; que están en franca decadencia cayendo en una completa "devaluación".
Nos preocupamos solamente si nos perjudican directamente, es decir, cuando de alguna manera afectan nuestras vidas. ¿Por qué tenemos que esperar a que algo grande nos suceda para despertar nuestra conciencia?
Los valores nos ayudan a cohabitar como seres humanos y esto es asunto de todos, no sólo de las grandes empresas, de grupos cívicos, clubes, gremios o de las instituciones políticas. El individualismo extremado destruye a la sociedad; si cada uno sólo piensa en lo propio, en sus haberes y sus derechos, y olvida a los demás atropellando a quien se atraviese en su camino, entonces no debe sorprendernos que el mundo ande tan mal.
A veces hasta parece que ser bueno pasó de moda, que ser decente y honesto es ser tonto y que quien es más grosero y grita más, consigue las cosas con mayor facilidad. A los niños se les enseña temprano que llorar no es cosa de hombres y desde muy pequeños tienen que mostrar su hombría "a golpes"; a las niñas se les dice que son iguales a ellos, y si ellos patean, pues a patear se ha dicho.
Los valores deben ser la columna vertebral de la sana convivencia entre los seres humanos: los valores individuales, familiares, sociales y hasta los valores del país.
Si no logramos corregir nuestros valores individuales haciendo que nuestras acciones sean las más correctas, el mundo en el que vivimos continuará como dice el célebre tango Cambalache:
"Hoy resulta que es lo mismo ser derecho que traidor, ignorante, sabio, chorro, generoso, estafador;
todo es igual, nada es mejor, lo mismo un burro que un gran profesor, no hay escalafón ni aplazaos, los inmorales nos han igualao..
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