Variedades

Todo por amor de madre

Alex Mariscal y Yanira De Gracia dirigen “La Madre Pasota”, en La Quadra, hasta este domingo 12 de julio.


Una voz me decía: “¡Usted ha atacado la oreja del Estado! ¡Usted ha atacado la oreja del Estado”, casi gritaba la Madre Pasota, luego de escupir la sanguinolenta oreja que le arrancó de un mordisco a un carabinero que perseguía a su hijo. Al menos eso relató ella.

Ella, que simulaba estar confesándose, lloraba como alma en pena y lanzaba a los cuatro vientos un mundo de verdades, aunque otras veces desvariaba. Desvarío, quizás, producto del dolor, impotencia, resentimiento y asco hacia una sociedad que deja que los jóvenes sean víctimas del narcotráfico.

La Madre Pasota lloraba como a quien le han arrancado el corazón. Lloraba por su hijo. Un hijo que tanto le costó parir y criar, pero que mordió la carnada. Y se fue de casa porque la droga y otras adicciones y tentaciones de la calle pudieron más que el amor de madre.

 

Un hijo del que ella decía, palabras más, palabras menos: “Lo he hecho yo, enterito. Tardé 9 meses y lo hice yo solita. Con sus dos ojos, 20 dedos... y ese carabinero me lo está destrozando en minutos”.

Hablaba de ese mismo hijo que la vio navegar por aguas tormentosas, cuando ella, valerosa, rompió las cadenas que la mantenían sujeta a una relación en la que por ser mujer siempre estaba en desventaja, a pesar de que tenía los múltiples roles de madre, mujer y profesional.

¿Por qué sorprenderse? diría ella, sabedora de que en una sociedad androcéntrica no hay ojos para ver los esfuerzos, aportes y sacrificios de la mujer.

 

El Estado, que amamanta la desigualdad, que se hace el de la vista gorda a la hora de aplicar leyes que calman el hambre de las polillas, también recibió su dosis de recriminaciones de una Madre Pasota hastiada de tanto sufrimiento, de que en su caso no resultó cierto esto de que “amor con amor se paga”. Y he allí que por eso le dice a su imaginario confesor: “¡No se enamore, padre!”

El hogar, la escuela, la comunidad, las instituciones, el Gobierno, la milicia, la Iglesia, a todos les endilgó una cuota de culpabilidad por los males sociales: violencia intrafamiliar, discriminación, drogadicción, educación deficiente, falta de valores, predominio de prejuicios, irrespeto a toda forma de autoridad, irreverencia hacia la vida...

Un rosario de dolores, de carencias, de sueños truncados, fue el de La Madre Pasota.

 

Entre lágrimas, gritos, risas de loca... loca desesperación, fue desgranando recuerdos.

La suya fue una vuelta atrás en que los episodios agridulces, más agrios que dulces, fueron saliendo de su mente y boca como en una estampida para chocar con un presente que no promete más que el ayer del cual todavía no se han sanado las heridas.

¿Cuántas Madres Pasotas habrán de revivir infiernos para que el Status quo cambie y las lágrimas se tornen en risas y esperanzas?


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444183
Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América