La Pasarela Cibeles, principal escaparate de la moda española, abrió sus puertas esta semana, finalizando ayer jueves, con sugerentes y sensuales propuestas para vestir el verano del 2000. Bajo el lema del "todo vale", un total de 19 modistos españoles presentan sus nuevas colecciones, en las que predominan los tejidos naturales.
"La moda está más abierta que nunca, hay sitio para todo", afirmó poco antes de desfilar la modelo Verónica Blume.
El encargado de abrir el telón de esta XXX edición, que cuenta con un presupuesto de 160 millones de pesetas (alrededor de un millón de dólares), fue el madrileño Javier Larrainzar, quien presentó una mujer urbana y cómoda para el día, pero sotifisticada y llena de glamour por la noche. "Es una mujer seductora y muy femenina", dijo el diseñador.
Durante tres días, 44 modelos desfilaron con la ropa que vestirán las españolas el próximo verano y en la que se aprecian las tendencias que se vieron ya en otras importantes pasarelas: el neohippy, las formas muy femeninas y la sensualidad.
En esta edición de Cibeles pesó nuevamente la ausencia de varios modistos disidentes, entre ellos algunos de los principales del medio español como Roberto Verino o Jesús del Pozo, que abandonaron el año pasado esta pasarela por desacuerdos con la organización y decidieron mostrar sus colecciones por separado.