"Los científicos han creado mediante ingeniería genética la primera tomatera del mundo que puede crecer en agua salada, mejora que podría solucionar uno de los mayores problemas de la agricultura", informa Washingtonpost.com.
La tolerancia a la sal se consiguió insertando un gen de una planta emparentada con el repollo. Dicho gen hace que la tomatera "desvíe la sal hacia unas cavidades de almacenamiento, lo que permite que crezca en suelos que de otra manera serían inadecuados para la mayoría de los cultivos". Así, "el cultivo del tomate manipulado genéticamente puede regarse con agua unas cincuenta veces más salada de lo normal".