CARLOS Díaz Zepeda e Isabel Justines de Díaz se conocieron hace 61 años. Hace 60 son marido y mujer. Él tiene 89 años y ella 77. Tienen 7 hijos, 18 nietos y 8 biznietos.
"La amo. amarse es más que quererse. El querer es una cosa casi práctica. Cuando uno ama es que se ha entregado por completo. Ahora espiritualmente estamos más juntos y me recreo cuando la viejita sólo se sonríe", expresa Carlos con suma ternura y un dejo de melancolía en su voz.
Isabel hace años padece Alzheimer, la enfermedad ladrona de la memoria. Pero él, amoroso, con celo cuida de ella. La atiende, la entiende y la motiva. La ayuda a recordar vivencias compartidas. Con música la anima y ayuda a relajarse. Está pendiente de ella día y noche. Con sus desvelos, aunque no pueda correr el reloj del tiempo hacia atrás, le brinda todo su amor y calidad de vida sin escatimar esfuerzo, tiempo ni recursos. Cumple a cabalidad el juramento y compromiso de acompañarla en tiempos de bonanza pero también en los de vicisitudes, de enfermedad.
Salvadoreño, hace 62 años que está radicado en Panamá. Conoció a su amada, capitalina, de ancestros santeños cuando ambos trabajaban en una lavandería en Ancón, donde ahora está la PTJ.
Fue un amor a primera vista ¿o a primera sonrisa? Pues, fue con una sonrisa entre tímida, traviesa y coqueta y su mirada brillosa y esquiva, que Isabel Justines, hija del maestro Isaac Justines, el preparador de caballos en el Hipódromo Juan Franco (en Obarrio) rindió a sus pies a Carlos.
"Yo era un hombre hecho y derecho. Ella, una niña. Su mirada.. la comprendí al instante. Quería que tuviera un intercambio de palabras. Como a los 4 ó 5 días y dado que siempre nuestras miradas se encontraban, yo iba pasando al lado de ella y me dice: ´Oye primo cómprame una cervecita´. Y yo le dije: ´La cervecita la compraré pero para tomármela a nombre tuyo. A ti te compraré un helado".
Siempre supo que era la mujer con la que quería compartir el resto de su vida. Almorzaban juntos y tenían amenas pláticas. Así supieron cómo pensaba cada uno, qué esperaba de la vida, lo que más valoraba.
Sin decirle nada a ella un día llegó directo a la casa. "Pregunté por una persona ficticia. De pronto ella va bajando y yo la miro y me hago el sorprendido y digo: ´Ay, Isabel, tú vives por aquí?´ Y entonces la madre de ella me pregunta: ´¿Usted la conoce?..´"
Después habló con Isaac Justines. "Le expresé mi interés por su hija y le pregunté si me permitía salir con ella. El padre me aceptó. Fui haciendo de ella una buena mujer. Mejor de lo que era. Todo lo que le enseñé lo aceptó. Desde un principio nos entendimos y nos supimos comprender. Nuestros hijos los educamos en valores e hicimos de ellos personas de bien". Trabajó 54 años como zapatero en la Zapatería Díaz, de su propiedad, en San Francisco.
Lo que más le gusta de su esposa es "su manera tan franca, tan sencilla para todo, su alegría y el buen sentido del humor. Además, que se dedicó de lleno a atenderme, a los hijos y el hogar". A ella le encanta bailar y disfruta la música típica.
En asuntos de amores, no hay que desesperarse. Ni permitir que lo sexual prevalezca sobre la valoración de la pareja como persona. El amor, como la amistad, se cultivan con paciencia, con detalles, con esmero, nos dice este señor quien a sus 89 años todavía suspira por su esposa como el primer día hace 60. Caminó a buen ritmo, se tomó tiempo para cortejarla y con detalles, galantería, demostrarle que la quería para bien.
"Valió la pena Como ésta no encuentro otra. No encuentro palabras para decir cuánto la quiero: con ninguna mujer podía tener hijos. Ella me los dio: ¡ocho! Siete sobrevivieron. Me siento feliz con ella..La amo más que al principio".
Tributo a “mi vieja, a mi Pancha”
"Amo a Isabel casi como el primer día, creo que más que nunca".