Las mejores cintas del año
El Topo
Batman: El Caballero de la Noche Asciende
Argo
Prometeo
La Chica del Dragón Tatuado
Una Sola Noche.
J. Edgar
Los Descendientes
Moonrise Kingdom: Un Reino Bajo la Luna
Los Muppets.
Se cierra un nuevo año y en materia cinematográfica llega la hora de hacer los balances pertinentes. La lista de estrenos parece tocar el cielo y el infierno sin demasiados términos medios; por un Clint Eastwood parece nunca faltar un Adam Sandler en su peor faceta de “Jack y Jill”, que es mencionada como lo peor del año en una de las mejores comedias –con un lenguaje solo para adultos– de los últimos años como fue “Ted”, tan así que su creador Seth MacFarlane fue elegido para ser el presentador de los Óscar 2013.
Lo mejor del año fue “El Topo” (también conocida como “El Espía que sabía demasiado”), un filme dirigido por el exquisito sueco Tomas Alfredson basado en una novela de John Le Carré. El ritmo de “thriller” de espías, los climas y las actuaciones como la del gran Gary Oldman la convierten en una joya pocas veces vista. Tan solo el tratamiento del sonido junto a la resolución del conflicto –metáfora vías del tren mediante– valen más de una visión.

El final de la trilogía de Batman pergeñada por el inglés Christopher Nolan fue también otro de los grandes momentos para el cine de 2012. Bane, como antagonista del Caballero Oscuro, fue una elección acertada en una trama donde el mundo actual nunca deja de estar fuera del microcosmos de Ciudad Gótica. A no olvidar a que Batman es el único superhéroe sin poderes sobrenaturales. Nolan pudo estar a la altura de un cierre monumental y de un final épico para su creación que comenzó en 2005 con “Batman Inicia”.
Con su “thriller” político “Argo”, Ben Affleck vino a reafirmar su gran capacidad para dirigir excelentes proyectos con un ritmo narrativo que lo emparenta con los clásicos como Clint Eastwood. Y al mencionar a Clint, entra en el Top Ten anual su biopic “J. Edgar” sobre el hombre que dirigió durante 50 años el FBI. Leonardo DiCaprio escala aún más en su registro actoral y aún no es reconocido por la Academia.

Ridley Scott volvió a lo que mejor sabe hacer, la ciencia ficción, en una especie de precuela de “Alien” llamada “Prometeo”, filmada esta vez en 3D. El suspenso y terror en extraños planetas tuvo otra vez agarrados a las butacas a millones de espectadores.
La “remake” hollywoodense de la saga del fallecido escritor sueco Stieg Larsson, “La Chica del Dragón Tatuado”, comenzó el año de la mejor manera, con un Daniel Craig bien alejado de su James Bond y Rooney Mara como la “hacker” del “thriller”. David Fincher, responsable de “Red Social”, demostró una vez más su maestría a la hora de ese tipo de filme, no por nada también dirigió “Pecados Capitales” y “Zodíaco”.

Una producción entre EE..UU. y Francia sorprendió por su nivel de sutileza que dialoga con el cine europeo. “Una Sola Noche”, en manos de su directora iraní Massy Tadjedin, pudo unir a Sam Worthington con Eva Mendes, junto a Keira Knightley con Guillaume Canet en una noche de devaneos en la relajada e intelectual Nueva York.
Nominada al Óscar, y tan agridulce como las historias de su director Alexander Payne, resultó “Los Descendientes” que tuvo en George Clooney a su actor principal; que debe lidiar con el grave accidente de su esposa, mientras se entera que ella le era infiel. El viaje, personal y por Hawái (Payne viaja siempre en sus películas como en “Entre Copas”), resulta una experiencia sorprendente. Clooney dirigió a su vez –y se reservó un pequeño, pero importante papel– “Secretos de Estado”, otra gran película de 2012.
“Los Muppets”, que regresaron de la mano del querible Jason Segel, resultó ser una bocanada de aire fresco para las comedias “blancas” y un retorno nostálgico a todos los que fueron pequeños en los 80. La película es tan divertida como conmovedora y autoparódica.
El filme que inauguró el último Festival de Cannes “Moonrise Kingdom: Un Reino Bajo la Luna”, del gran autor y melómano director de “Los Excéntricos Tenenbaum” Wes Anderson, conmovió con su historia de amor preadolescente en una pequeña isla de Nueva Inglaterra. La música de Francoise Hardy fue el marco de la fuga de estos jóvenes con alma y gustos de adultos para una joya cinematográfica de principio a fin.