Amarse, necesidad vital. Mejor fórmula para garantizar la sobrevivencia de la especie.
Sobre cómo hacerle el amor a la vida nos orienta la consultora y motivadora internacional Mary Cardona Más.
Pupila de Jorge Bucay, de quien aprendió las herramientas de la Programación Neurolingüística, Cardona Más apela a la capacidad que tienes tú, yo y todo ser humano de compenetrarse consigo, de autodescubrir su potencial. De echar fuera miedos, complejos, sentimientos de culpa, negatividad, egoísmo, celos y todo lo que hace la atmósfera interna y externa más pesada. E insta a dar cabida al amor. Al amor en todas sus manifestaciones. A la pareja (pero con los ojos abiertos, aceptándola con sus virtudes pero también con sus talón de Aquiles), a la familia, a los amigos, a tu trabjo, a la naturaleza y a Dios. Esto de cómo hacerle el amor a la vida es entretenido e interesante y ella en sus talleres lo va explicando. Mientras, la audiencia escucha una serenata. Y Mary Cardona va dejando que las palabras se cuelen por oídos y se abran camino por ese maravilloso engranaje que es la mente, hasta caer en un lugar cálido, donde se hospedan los sentimientos: el corazón.
¿Sabías que la maestra vida nos faculta para aprender de los errores? Hasta en el amor. Y reconocer que uno se enamora de una ilusión. O sea, el corazón hace que tú veas a esa muchacha, a la amada, como no es, más bien como una proyección de tu mente. Entonces, para poder amar verdaderamente lo que tienes que hacer es desenamorarte. Respirar no tiene ciencia. Hacerlo bien es otra cosa.
Pero vivir es más que respirar. Más que consumir horas del reloj, que pasar hojas del calendario, que quemar minutos lenta o rápidamente. No en vano Jorge Bucay lanza este llamado: "¡Ocúpate de vivir! Y Mary Cardona Más lo retoma. Y lo usa para pedirte a ti joven que tomes nota de que eres privilegiado porque tienes toda una vida por delante y si no sabes administrar bien tu tiempo, tus minutos, tus energías, tus recursos, al final serás descalificado por la vida.
En este reto de hacer el amor a la vida debes comenzar por valorarla. ¡Y a todos! Porque, si no hay verdadero amor y respeto a los demás, sea tu compañero de clases, tu pareja, tus padres, hermanos, vecinos.. entonces, en el gran escenario que es la vida seríamos como desconocidos a los que nos unen lazos muy frágiles. Así sean los de la sangre.
Como ejemplo nos pone Mary Cardona Más el caso de papá. Papá, explica, es muchas veces un gran desconocido y no siempre se valora como debiese. No es su culpa ser tosco o pretender que no siente. Desde niño fue programado para no tocar, para no sentir, para no llorar. Para ver en la mujer alguien con quien tiene que competir. Para ver en la mujer al enemigo y es tan valiente que se casa con una mujer y descubre que no tienen que halar cada uno en el otro extremo de la cuerda. Pueden caminar a la par. Sin nadie que nadie abuse del otro. Sin dobleces. Amándose con los ojos abiertos.
Y los niños, ¿qué? ¿Y los adolescentes? Al hacerle el amor a la vida tenemos que darles un lugar muy especial. Entender que ustedes son diferentes. Que necesitan su espacio. Que tienen necesidades particulares. Únicas. Que no tienen por qué responder a un modelo de sociedad creada por los adultos. Que tienen derecho a opinar. A escoger sus caminos. A que se les escuche. ¿Por qué no? ¿Acaso no callamos cuando la TV habla?, se pregunta. Y añade: ¿Por qué no hacer silencio para escuchar a los niños, adolescentes y jóvenes?
Y el país también tiene heridas. Heridas producto de la incomprensión de nosotros, sus moradores. Bien lo explica Mary Cardona Más. "Vivimos haciendo predicciones del país que queremos. Cada uno con la mente lo empieza a construir. Pero, si no actúa cónsono. ¿De qué sirve? Si no remas, el bote no avanza. Tampoco si remas en dirección contraria al puerto donde deseas atracar.
La brújula que debe guiar tu nave es el amor. Y Dios lo tiene a borbotones para ti. Debes tener la certeza, visualizar, pero también hacer tu parte. Sólo así la vida aceptará tu coqueteo. Y no tendrá secretos para ti.