El estado anímico varía según las circunstancias y la manera como reaccionamos a lo que nos pasa.
Es asunto de decidir que es mejor ser optimista que pesimista, perdonar que guardar resentimiento, ser paciente que impaciente, ceder el paso que atropellar al otro, perder unos minutos que perder la vida o afectar a terceros.
Nadie se va a preocupar más por ti que tú mismo, entonces, bajo ninguna circunstancias permitas que el estrés tome el control de tu vida: aliméntate bien, descansa suficiente, ora y saca tiempo para relajarte.
Levántate más temprano. Así no andarás tan apresurado y los tranques no te afectarán tanto.
Si alguna situación hace que estés a punto de perder la calma, cuenta hasta 10, 100, 1000 o 10 mil.
Haz una lista de pendientes, no dejes todo para última hora y emplea mecanismos alternos para evitar largas filas.