Ulises Bretaña es un poeta de la periferia tardoindustrial y por tanto de una edad de posguerra en la que el drama trasciende la eliminación física entre los hombres a la mutabilidad del género y el ecosistema. Es por ello que duda de la "sub aeternitas especie" y percibe que la depauperación del medio conduce irreversiblemente a la degeneración. Lo que sorprende en su ya importante obra es el optimismo, el contagiante hedonismo de sus revelaciones, en consumo con el fatalismo que suele reinar en otras poéticas cifradas en este mismo mensaje revelatorio (apocalíptico) y la certeza de que Ulises se refiere a una tragedia mucho más perentoria que la simple cartografía de mundos por venir. Con tanta precisión ilumina las sociedades decadentes, desde una perspectiva cercana, entrañable, doméstica, que supera la trivialidad de la parodia irónica como recurso y reifica el caos como un tiempo climatérico, conato de metamórfosis y equilibrio. Siendo una versión moderna de artista "voyent" construye , desde ahora, su arca, su mundo onírico de la salvación, desde donde lanza intermitentes mensajes. Sabe de la brevedad del hombre, de su fragmentación, también de la implosión de los mundos que serán y los que han sido.
Si detrás de la ficción plástica y el valor semántico nos parece advertir modelos visuales carentes de peligrosidad, el manejo de la dimensión ecológica como alternativa política, la construcción de "Imagos" mundos alucinados donde conviven bioespecies mutantes dentro de una naturaleza artificial en las que se destacan etéreas e inconsistentes palmas-banderas, sombrillas-banderas, aditamentos sucedáneos que no sólo proponen la protección de reductos y habituales de una cada vez más arrasadora suprarrealidad, también activan la polémica sobre la identidad, nos confirman que la obra de Bretaña es también la concreción de un "arte de resistencia Propuesta estética que se presenta "como alternativa a los comportamientos de moda, arbitrarios, onanistas o destructivos". Quizás Ulises Bretaña es el pintor que con mayor insistencia ha aludido, desde nuestras coordenadas, a la "destrucción-deconstrucción" del "oikos" (la gran casa), el enfrentamiento cultural, la incomunicación y la devastadora circunstancia del progreso entendido como la entronación de una edad deshumanizada, geométrica, puntualmente neocartesiana - en Cuba existe una selecta herencia en la obra de Acosta León, Tomás Sánchez, "et al. En su obra este conflicto modernidad-tradición está resuelto de forma tal que el "shock" parece escindirse, disolverse en la coexistencia, cuando aen cada mundo se autoafirma la introspección, es decir la negación de los nexos. Casas provistas de puertas y ventanas, precarias cercas, montículos y seres ensimismados, de un lado, y esferas, avenidas embaldosadas, del otro - pues en Bretaña la vida es contento de explayadura animista. ¿Serán signo de protección o de aislamiento?
Para articular su mensaje ha construido una poética armada de motivos surrealistas y futuristas, que dotan su obra de una agradación cinética, ambientes en los que cada vez adquieren mayor protagonismo seres de contrahecha fisomorfología, expresivos, sutilmente posesos, bestiario de energúmenos, homúnculos que constituyen un amplio repertorio neofigurativo.
No me parece reiterativo insistir en esa vocación ecologista que soporta toda su obra, desde sus paisajes metafísico culturistas, suerte de cyberespacio virtual de los ochenta hasta la fecha, quizás reflejo de la única opción política posible éticamente aceptable, en la época de la "global village" y la "massmediatización", que convierte su discurso plástico en una metarrelato mediante el cual invierte las apropiaciones textuales e intervisuales. Según este criterio, su anterior versión de "Marat Asesinado" , exterior y la versión interior, que puede apreciarse en esta muestra podrían entenderse más como parábasis que como parodia: trascendiendo la simple alusión del magnicidio político (pecata minuta) a la cosificación de las instituciones de poder que se manifiestan como centros generadores de la violencia pública. En esta línea se inscribe "La parábola de la marcha (al frente Marchen)", refuncionalización de la obra de Peter Bruegel, el Viejo, "La parábola de los ciegos" y "Judith y Holofernes", manipulación de la obra homónima del pintor florentino Crisófano Allori. El hombre finisecular cegado, -¿ cegado, disminuido?- por su soberbia, un fin "thelos" justificando los medios, licencia ética que termina siendo, de cualquier modo amoral, salvar la ciudad de Betulia, es decir, el gran "oikos"¿ A qué precio?
Aunque el discurso y la curadoría de esta exposición se proponen desde la errancia, el naufragio, "quod decet" (sujeto al destino) como un recurso mnemónicoi, Ulises Bretaña confía aún en la posibilidad de un diálogo entre los hombres habilitado desde la dimensión del logos. La palabra, en este caso, sublimida a sintagma visual, puede proveer de argumentos para el goce estetizante y la reflexión. El artista, colocado en el epicedico, ve batir las mareas de las ideologías. Y se salva, en su isla-arca, instancia visual y caribeño reservorio de experiencia transgeográfica mientras se asegura que después del diluvio, estará.