Variedades

¿Un año ya?

Hace unas semanas recibí una llamada del personal del periódico para coordinar la renovación de mi contrato. Cuando me dijeron que había vencido porque ya se había cumplido el periodo de un año, no lo podía creer


Hace unas semanas recibí una llamada del personal del periódico para coordinar la renovación de mi contrato. Cuando me dijeron que había vencido porque ya se había cumplido el periodo de un año, no lo podía creer, ¿en serio llevaba ya alrededor de 12 meses de estar escribiendo todas las semanas? ¿Cómo no lo había notado?

Esta probablemente es la frase más cliché y más repetida cada año, pero tengo que usarla porque aplica tan correctamente en este caso ¡El tiempo vuela y cada vez los años se pasan más rápido!

Recuerdo bien la primera vez que me propusieron la idea de redactar una columna de comida, sin chistarlo o dudarlo accedí, aunque honestamente no tenía idea de cuál iba a ser mi enfoque para la misma o sobre qué iba a escribir; como toda la vida he sido muy impulsiva para tomar decisiones y como siempre he creído que mientras más vueltas se le da a un asunto en la cabeza más probabilidades hay de que al final no se termine haciendo, pues naturalmente acepté el reto.

 

Esta impulsividad que me caracteriza la mayoría de las veces ha tenido buenas consecuencias y una que otra vez no tanto, pero en fin, todas mis decisiones, malas o buenas han resultado en experiencias que me han permitido aprender y crecer como persona.

En el caso particular de esta decisión de incursionar en la escritura de una columna culinaria, por suerte el resultado ha sido maravilloso y he disfrutado la experiencia enormemente.

Para considerarme como columnista me solicitaron en su momento que escribiese una columna “piloto” o de prueba, recuerdo que le comentaba a mi novio una noche que quería darle un enfoque diferente, que no tenía interés en hablar solo de ingredientes o referirme a datos históricos o demasiado didácticos. Él, que es sumamente creativo, mucho más que yo, me dio una idea que me pareció fabulosa. En ese momento me dijo: “¿Por qué no escribes como ese programa de televisión que tanto te gusta (se refería a “Sex and the city”)? Sabes en el show su columna tiene siempre relación con experiencias amorosas personales, anécdotas de ella y de sus amistades, ¿por qué no usas eso como inspiración y escribes sobre tu relación con la comida?”.

 

Para los que no conocen, el programa es la historia de una columnista de un periódico de Nueva York en sus 30 años que escribe acerca del amor, las citas y sobre ser soltera en la ciudad, y su columna es sumamente personal. En ese momento todo hizo clic, esa era precisamente la manera perfecta para enfocar mi columna, ya que son un sinfín las anécdotas personales que tengo sobre comida.

No siempre la tarea ha sido tan fácil, eso sí, muchas han sido las veces en las que he llegado a creer que me he quedado sin temas sobre los que escribir y que es momento de dedicarme a algo más, pero como por arte de magia o intervención divina, usualmente unos 2 o 3 días antes del temido deadline la inspiración viene a mí en los momentos menos esperados y todo vuelve a fluir. Por supuesto que tengo columnas cuyos resultados finales han sido de mis favoritos.

Quiero concluir dejándoles saber que mi intención con cada una de ellas ha sido la de contagiarlos de mi amor por la cocina.


fecha edicion
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926294
Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América