Variedades

Un arquitecto de la palabra

En “Un puñado de ocurrencias”, se aprecia al “Paco” narrador, dijo Ariel Barría, presentador de la obra.


Dos etapas de su vida aparecen retratadas en el segundo libro de Francisco Moreno Mejías. Ellas son “El mundo que perdí” y “El mundo que encontré”. O sea, España, su país natal, donde vivió la guerra civil y Panamá, la nación donde formó un hogar con la pintora Sandra Cotes (fallecida hace año y medio y a quien él ha dedicado sus dos libros) tuvo sus hijos, los crió y vive sus años dorados.

Entre los aspectos del libro que destacó Ariel Barría este lunes en Exedra Books, están “las vívidas descripciones de personajes y de personas. Esas epopeyas, esos retratos interiores. Y a través de esas personas el mundo, la sociedad...

 

También dijo de “Un puñado de ocurrencias”, que en ella queda de manifiesto “el Paco maestro” y que “Detrás de todo esto está el placer de narrar”, pues, el autor “sin apuros, sin la presión porque el editor lo esté apurando, haciendo uso de diversos matices, en materia de arquitectura literaria, logra armar un edificio”.

Una y otra vez destaca el “alarde de narrativa” de que hace gala el escritor y alaba la maestría con la que logra ensamblar las historias. Hace uso en la segunda parte de “un derroche de ironía muy sabroso, muy panameño”, dice Barría e insta a detenerse a leer especialmente las páginas 37 y de la 167 a 171.

 

Se congratula de que Francisco Moreno Mejías haya elegido Panamá para establecerse.

“España perdió un súbdito y Panamá ganó otro panameño”, dijo Barría.

Barría, como parte de su presentación, procedió a leer un parráfo de la primera parte del libro y otro de la segunda, para que se viera cómo difiere el manejo del lenguaje en ambas y los recursos de que hace uso en una y otra.

 

Es el parecer de Barría que en la primera parte de la obra “hay un lastre muy significativo, un lastre dolido, como quien escribe para liberarse de algo que uno lleva arrastrando y que quiere contarlo para liberarse de ese peso”.

Opina que en la segunda parte, el escritor “se permite más libertades, hay más llaneza, el humor es más plácido, más espontáneo.

Aclara que no quiere decir que en “El mundo que perdí” no haya humor. Lo hay, pero “hay un humor irónico, sarcástico, amargo algunas veces”.

 

Ariel Barría se leyó “Un puñado de ocurrencias” en una tarde y “la disfruté ciento por ciento”.

Resume la obra así: “Al principio hay un matiz gris y en el centro se va iluminando. Los últimos cuentos son fuegos artificiales”.


fecha edicion
old id
448917
Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América