Este caso parecía uno más de la agenda. Sin embargo, a la entrada del “implicado” precedió el llanto de un bebé de unos tres meses, en un rudimentario coche.
Guiando el vehículo iba una joven de apenas 27 años, afro, cargada de una bolsa de pañales y mamaderas. La escena conmovía al más despreocupado; esta vez esa madre ocuparía la tribuna de los acusados.
“Señor juez yo no quiero perder a mi hijo” sollozó y de inmediato el juez Jeffrey Rosinek, respondió de forma tajante: “cómo puedo permitir que tu niño se quede contigo si estás consumiendo droga...pero eso dependerá de ti”.
En aquel tribunal se decidieron esa mañana, sólo de 8:00 a.m. a 1:00 p.m., alrededor de seis casos. Tres eran latinos, una italiana y dos norteamericanos.
Precisamente ésta fue la primera corte de ese género en Estados Unidos. Nació en 1989 y hoy día suman más de 700 tribunales de droga en todo el país, según señaló a un grupo de periodistas latinoamericanos invitados recientemente por la embajada norteamericana a un seminario que incluyó la ciudad de Miami, el coordinador Robert Koch. Desde entonces a esta fecha se han dilucidado 24 mil casos.
222En aquel tribunal se decidieron esa mañana, sólo de 8:00 a.m. a 1:00 p.m., alrededor de seis casos. Tres eran latinos, una italiana y dos norteamericanos.
En su explicación, previa a los juicios de los que fuimos testigos, Koch mencionó que “se trata de una corte de jurisdicción especial, responsable sobre casos de personas adictas a las drogas basado en un medio de supervisión judicial y consejería intensiva, cuyo propósito es eliminar el abuso de sustancias ilícitas y la actividad criminal”.
Pero, aquella ideología altruista que rige el programa emprendido hace más de una década se ponía de nuevo a prueba, como ocurría cada minuto que transcurría entre las paredes de la corte.
A los pocos minutos de nuestro arribo al recinto judicial, cuando aún no lográbamos asimilar el desdén humano que se reflejaba en cada acusado, fue llamada al estrado la siguiente.
Una chica esbelta, la italiana; de gran estatura, “1’90. ‘90, 60 - 90’ “, como aseguraron de inmediato los colegas. Largos cabellos azabaches y facciones definidas, el prototipo de una modelo.
Sin embargo, tanta belleza parecía perderse en su mirada sin rumbo. Vestía un juego blanco, que se nos informó, era nada más y nada menos que el atuendo de un hospital psiquiátrico. Llegó, contempló por varios segundos el panorama y se sentó.
Rosinek, el juez, rompió, como lo había hecho hasta ahora, con la tensión que se vivía. Y es que según nos confesó luego, “ésta es la mejor técnica para sacarles la verdad, para que acepten que consumen y se apunten en el programa”.
Sólo unos minutos antes, una señora de unos 35 años, había desfilado por el banquillo. Vestida con un buzo y unos jeans, sólo supo responder al cuestionársele sobre si estaba drogada en ese momento (aunque por su apariencia, era obvio)... “I don’t know (no sé)”, por lo que se le practicó un examen de orina de inmediato.
“¿Cómo está?...¿Está usted a gusto con la dirección que está tomando su vida?” preguntó Rosinek a la italiana.
La joven sólo asintió con la cabeza.
El juez insistió, “¿aceptará entonces la rehabilitación?”
No, no señor, respondió
Pues tendrá que visitar otro juez, dijo Rosinek.
A ella parecía no importarle y se negó por segunda vez a inscribirse en el programa, a pesar de que había estado encarcelada desde diciembre, hacían ya casi cuatro meses.
“Señor yo sólo quiero regresar a Italia”, imploró y para entonces su visa estaba a punto de caducar, por lo que al no aceptar, debería comparecer ante una corte de rutina y “probablemente retornaría a la cárcel”, opinó después Rosinek.
Próximamente se dará más información sobre el programa de rehabilitación al que se envían a los juzgados en esta corte.