La literatura panameña pasa por un buen momento, no hay dudas. Se publican libros más frecuentemente que antes. Los concursos literarios se han multiplicado y hasta han aumentado sus premios, existe un grupo de escritores y de personalidades que han elevado a la literatura a un nivel superior. La actividad de nuestra Biblioteca Nacional es notable. También hay programas radiales, círculos de lectura y figuras tenaces que impulsan la aparición de nuevas obras. No hay que olvidar que algunas editoriales famosas comienzan a interesarse por obras de autores panameños, un buen signo. Me gustaría poder escribir que los libros de nuestros autores también se venden por montones, pero no tengo esos datos. Me parece que todavía no llegamos a tanto.
Pero vayamos a lo que les quiero comunicar. Asistí a la presentación del libro "Manos a la obra y otras tenacidades y desmesuras", del escritor Enrique Jaramillo Levi, que se dio en la sala de conferencias de la librería Exedra Books. Y después de oír las exposiciones de las personalidades escogidas para presentar el nacimiento del nuevo vástago de la literatura panameña, pensé que, a pesar de las metáforas y buen uso del lenguaje, resulta un poco aburrido escuchar hablar de un libro del que no se conoce nada. Claro que Ud. lector podrá refutar que la presentación de un libro no es un taller donde se puede discutir, criticar, preguntar, pero no sé, lo pensé así.
La noche la salvó, otra vez para mi gusto, el discurso del autor, del que me procuré una copia para leerlo y poder reseñarlo. Jaramillo Levi lo tituló " La Literatura como Destino".
En la arenga declara que tiene exactamente 44 años de escribir y que su nueva obra es una recopilación híbrida de numerosos y variados textos suyos dispersos de los últimos 20 años. Con modestia afirma que no sabe sí será recordado como escritor, aunque le agradaría. Consideramos que ya ha publicado mucho y bueno para no ser así. Además estamos convencidos de que su labor como promotor cultural, Jaramillo Levi es el culpable, en buena parte, de este buen momento de nuestra literatura.
El título del libro presentado, a ver, recordémoslo, "Manos a la obra y otras tenacidades y desmesuras", nos habla de sus necedades o perseverancias por darse el gusto, desde su papel de editor estatal o independiente, de reconocer buenos escritores y que estos logren llegar a la meta, que no es otra que cristalizar sus sueños al ver los esfuerzos de sus plumas convertidos en libros y en manos de lectores.
En este renglón, Jaramillo Levi ha sido como el Prometeo griego que desafió normas preestablecidas para propagar el fuego que encendiera los estiletes de muchos de nuestros escritores.
Hagamos memoria, creo que sólo con retroceder seis meses encontramos la extraordinaria obra "Panamá Cuenta Cuentistas del Centenario, antología que recorre el largo camino de 100 años del cuento en nuestro país. Hay muchas más pruebas de sus necedades, como dice el autor que dirían los que se proponen ofenderlo.
El veterano escritor y promotor, salpicó la noche con los restos de su discurso en los que se critica el poco interés de los medios por las nuevas obras literarias. Aunque esa noche había dos fotógrafos, faltaron los periodistas que entrevistaran y reseñaran.
En nuestra opinión a la promoción literaria le falta un poco de glamour, de show, qué horror, dos palabras que hacen que a nuestra computadora se le encienda el rojo de las faltas ortográficas o de palabras raras. Pero insistimos, es lo que le falta a un libro para llegar a los medios. No sé si modelos en mini faldas, vinos y queso o una labor de relaciones públicas. Por lo menos la noche contó con una excelente, hermosa y talentosa maestra de ceremonia que animó muy bien la velada. Pero necesitamos más para contentar a los dioses que envían al águila que devora día a día el hígado de Prometeo. Hoy, producto que no se anuncia, no se vende y los libros no son nada más, ni nada menos que productos.