Variedades

Un drama con el sello de los Dule

El joven elenco de "An Dula (Sigo Vivo), producción de Yargi, arte experimental Dule, que presentó el Instituto Nacional de Cultura, Inac, se rememoró un drama histórico que ocurrió hace casi un siglo: la Revolución Dule.


Dule, empieza con 'd' de dolor, desesperación, derechos (a la autonomía, a sus tradiciones) y dignidad. Dignidad que defendieron a costa de su propia vida los antepasados de los Gunadule, quienes, soportaron humillaciones e injusticias, pero se cansaron de ser mancillados, se armaron de coraje y a pesar de que estaban en condiciones de desventajas enfrentaron a la policía colonial.

 

El joven elenco de "An Dula (Sigo Vivo), producción de Yargi, arte experimental Dule, que presentó el Instituto Nacional de Cultura, Inac, se rememoró un drama histórico que ocurrió hace casi un siglo: la Revolución Dule.

 
 

En una noche estrellada, en el Convento de las Monjas de la Concepción (en Panamá Viejo), más de doscientos espectadores -muchos de ellos miembros de la etnia Gunadule de las generaciones que se levantan, muchos residentes fuera de la Comarca- conocieron esa parte de la historia. Esa parte que no deben olvidar jamás.

 

 
"Yo soy producto de esto", nos dijo el artista Ologwagdi, quien aplaudió la iniciativa.

 

"Me pareció bien el esfuerzo de los muchachos. Es válido, me gustó mucho", añadió.

 
 

Dirigidos por Benjamín Ávila, más de una veintena de artistas, entre ellos Kunsob Alfaro, Jordi Alvarado, Madaliyai Roldán, Jeniffer Campilo, Víctor Martínez, Dan Ávila, Olo López, Jeferson Espinoza, Yokailer Torres y Deni Guerrero- fueron pasando las páginas de la historia, para que en la mente y corazón de los espectadores queden plasmadas. Que se sepa qué movió a unos y otros- policía colonial y dules- a actuar como lo hicieron.

 

 
La historia que contaron a través del lenguaje oral y corporal, de la poesía y el canto, fue una de atropellos y prepotencia. De víctimas y victimarios.

 

Quedó claro al final que aunque los verdaderos dueños de la tierra eran tratados con despotismo por los colonialistas, los avasallados indígenas soportaron abusos de toda clase, pero,  bien lo dice el viejo adagio: "No hay mal que dure mil años ni pueblo que lo resista".

 

En esta puesta en escena, con música de Mardem Paniza, los artistas dieron el ciento por ciento. Las dos horas que duró el montaje se vio el fruto de los ensayos durante cerca de dos meses en Loma Cová, en  el Casco Antiguo (Teatro Anita Villalaz) y en otros puntos de encuentro.

 

Lois Iglesias estaba muy emocionada. Cansada, sí, pero feliz. Nos explicó que cuando ella presentó este proyecto al Inac "y les dije que yo quería hacer algo acá parecido a lo que hacemos todos los años en la Comarca, en cada isla,  fue visto con buenos ojos y surgió la idea de que los jóvenes que viven en la ciudad fueran los protagonistas. La obra se estaba cocinando. Le comenté a una amiga..." y así fue tomando forma.

 

Las jornadas diarias de ensayos eran intensivas hasta de cuatro horas y más. Demostraron mucha entrega. Y eso que muchos vivían después del Puente de Las Américas y en la 24 de diciembre y otros puntos distantes.

 

"Ahora somos como una familia", concluyó Iglesias.

 

La directora general del inac, Mariana Ñúñez Haugland, también estaba que no cabía en el pellejo de lo orgullosa por la calidad del espectáculo. Hizo énfasis en que vía esta obra  se contribuye a fortalecer la identidad de esta etnia.


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965397
Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América