Los simpáticos hermanos Castrellón se proponen convertirse en el nuevo dúo histórico del país, con su famoso tema "La llamada".
Estos mellos han traído una propuesta musical con estilo reggaetón, apoyados por conocidos productores nacionales como: Irving Domínguez y Leopoldo Mojica, gente que ha trabajado con lo mejor del reggae nacional. "La llamada" ya se está rotando en las diversas emisoras radiales como YXY y La típica, pero los chicos no quieren hacer mucho alarde, pues prefieren lanzarse con todos los bombos y platillos cuando estrenen el vídeo de este tema antes del 15 de marzo.
Las hacinadas cárceles panameñas son universidades de la delincuencia y la violencia, a ciencia y paciencia de los responsables, a pesar de todos los buenos planes que se expresen para el futuro que nunca se concreta.
El tema de las pandillas y el comercio multimillonario de las drogas son fenómenos que provocan risa, para no llorar. Todo el mundo en cualquier comunidad sabe cómo se abastece y quién vende las drogas, las armas, las municiones, la carne humana y, en fin, todo lo que es ilegal. Al parecer, los únicos que no saben nada de nada o que tienen memorias cíclicas, son los que tienen que reprimir, controlar y castigar a la gente que comete estos actos.
Nada de lo que he expresado hasta este momento es desconocido para el 99% de la población panameña, sin embargo nos preguntamos una y otra vez, ¿por qué no se actúa en consecuencia? Sinceramente, como decía mi abuela, mal de muchos, es consuelo de tontos.
Por eso, al analizar el nivel de prevalencia, incidencia e impacto de la violencia social no podemos arroparnos en la comparación estadística de lo que sucede en otros países con más desastrosos índices, porque como médico siempre recuerdo, que si a usted o a su familia cercana (padres, esposa, hijos) le toca padecer de una enfermedad mortal que sólo afecta al 1% de la población, estoy seguro que para usted esto no será motivo de consuelo, pues para usted será el 100% de maligna.
La violencia social disminuirá cuando nos esforcemos por ser mejores seres humanos; en donde los partidos políticos, los órganos del Estado y la sociedad civil en su conjunto acuerden convivir en la premisa de que cada quien debe recibir tan solo lo que se merece, porque como dijo Juan Pablo II, "o hay justicia para todos o no habrá paz para nadie".