Tomamos nota de esto y otra valiosa información que nos proporcionó la psicóloga Xóchitl Mckay, para compartirla con padres y madres de familia, con la finalidad de que comprendan mejor el tema y se puedan percatar de si sus hijos adolescentes están sufriendo algún trastorno de ansiedad. De esa manera pueden buscar ayuda especializada.
Antes que nada, es bueno saber que ansiedad se define como "un estado de tensión y aprensión respecto del futuro".
La ansiedad, explica Mc kay, "al igual que el estrés, en dosis moderadas, es saludable ya que impulsa y mejora el desempeño físico e intelectual. De no sentirla, haríamos sólo la mitad de lo que usualmente hacemos".
Ella pone de relieve que en realidad lo que provoca que una situación empeore es que la ansiedad moderada no desaparezca y se vuelva grave. Es decir, que aun cuando se conozca que no hay nada en realidad por qué sentirnos temerosos, se siga en un estado ansioso.
Asimismo, explica que en el caso de los adolescentes, el cuadro se complica debido a que están en una etapa de su desarrollo cuya característica principal es de cambios físicos y psicológicos, donde hay constantes ajustes hormonales, sociales y emocionales.
Los trastornos de ansiedad incluyen: Trastorno de angustia sin agorafobia, trastorno de angustia con agorafobia, agorafobia, fobia específica, fobia social, trastorno de estrés postraumático, trastorno obsesivo compulsivo, trastorno por estrés agudo, trastorno de ansiedad generalizado, trastorno de ansiedad debido a enfermedad médica, trastorno de ansiedad inducido por sustancias y trastorno de ansiedad no especificado.
Según nos dijo Xóchitl Mckay, en los adolescentes la prevalencia de trastornos por ansiedad más comunes o frecuentes son: fobia social, fobias específicas, trastorno de ansiedad generalizado y trastorno de angustia y separación.
Explica que el adolescente experimenta un miedo intenso a sentirse humillado en situaciones sociales, de actuar de modo que se coloque en situaciones vergonzosas frente a los demás.
He aquí su respuesta: "Una fobia es una forma especial de miedo y reacción desproporcionada, irracional, fuera de control voluntario del sujeto, implica respuestas de evitación de la situación u objeto fobizado y es persistente en el tiempo".
La psicóloga, entonces, procede a dar más detalles sobre la fobia social en la adolescencia, la cual además de que es hereditaria puede empezar aún antes de los 12 años y estar acompañada de depresión, alcoholismo, o abuso de psicofármacos.
Xóchitl Mckay comenta que "los estudios indican que tanto los trastornos de ansiedad como la depresión son más frecuentes en mujeres que hombres debido a que éstas acuden más a buscar ayuda. Se piensa que existe un sesgo debido a el constructo patriarcal por lo que es más aceptable que las mujeres expresen sus emociones y sentimientos negativos, en cambio al hombre se le enseña que debe reprimir sus emociones por el hecho de que es "hombre". Esa es la razón por lo que a la consulta acuden más las mujeres que los hombres".
La especialista es enfática al expresar que no se puede salir por sí solo de la ansiedad, la depresión y cualquier tipo de enfermedad mental. Menos si se trata de un adolescente. El error más grande que podemos incurrir es decirle a la persona: "tienes que poner de tu parte para salir de la depresión", "No debes dejar que te vean llorar", "Tranquilízate para que no te vean así".
Recalca que se requiere la ayuda de un profesional idóneo y un tratamiento oportuno y adecuado.
En el caso de los adolescentes se agrava más la situación porque necesitan el apoyo emocional y económico de sus padres, para entender la enfermedad y que los lleven para ser atendidos con profesionales.
De los tratamientos, Xóchitl Mckay recomienda "la técnica de interpretación de papeles de sus situaciones socialmente fóbicas delante de los demás miembros de un grupo, en el caso de los adolescentes". Eso sí, destaca que un aspecto clave es incluir a los padres en el proceso de tratamiento del grupo.
A juicio de nuestra interlocutora, la clave es la relación directa que pueda tener el padre y la madre y sobre todo la información científica que tenga la familia para poder detectar a tiempo las primeras señales de que un adolescente está sufriendo de algún trastorno de ansiedad.
También considera importante "olvidar los esterotipos y el estigma que ciñe alrededor de las enfermedades de salud mental. Usualmente las personas tienden a negar (negación) y se resisten a aceptar que su hijo(a) sufre de alguna enfermedad mental. Pero aún la resistencia es mayor cuando se trata de llevarlo a la consulta de un especialista en salud mental".
"Esto último, ha traído resultados negativos y consecuencias fatales en los adolescentes quienes muchas veces entre líneas trataban de pedir ayuda a tus padres y amistades y no se les prestó la atención adecuada, terminando en un desenlace fatal para el adolescente".
La inestabilidad familiar y el contexto social influyen en la formación de la ansiedad en especial al trastorno por angustia y separación y en la fobia social.
Existe relación directa entre agresividad y ansiedad, pues la agresividad puede ser uno de los síntomas visibles en un ataque de ansiedad.
Depresión, obsesión y ansiedad, son tres cosas diferentes, pero una puede llevar a la otra.