Dreamworks, los estudios que fundara Steven Spielberg, que este año estrenó la segunda parte de “Kung Fu Panda”, viene a la carga con un desprendimiento de uno de los personajes más famosos de la alicaída saga de “Shrek”: el Gato Con Botas.
Como es uno de los personajes más divertidos, los espectadores reclamaban que tuviese su filme desde que lo vieron en la segunda entrega de la saga.

La historia se remonta a mucho antes de que el Gato con Botas conociera a Shrek. La trama lo coloca en los inicios de su carrera como célebre amante y combatiente.
La película funciona a manera de “western”. El Gato con Botas es un forajido al que busca la justicia, y que se mueve de pueblo en pueblo tratando de sobrevivir y no ser atrapado. No deja ni por un segundo de ser un seductor empedernido, como lo demuestra al inicio cuando se despide de su última amada, sin olvidar primero el nombre de ella.

El director de la cinta se llama Chris Miller, que desarrolló su carrera desde los inicios de los estudios Dreamworks, no solo en el área de animación, sino también realizando las voces en varios de los proyectos (es Kowalski, uno de los terribles pingüinos de “Madagascar”) aparte de dirigir la tercera entrega de “Shrek”.
Antonio Banderas, como en la saga que dio a conocer al Gato, le presta su voz (tanto en la versión original en inglés como en la doblada al español, al igual que Salma Hayek). También es un hallazgo que el excéntrico actor y comediante Zach Galifianakis (conocido por su loco papel en ¿Qué Pasó Ayer?) realice la voz de Humpty Dumpty, el extravagante amigo del Gato con nada menos que forma de huevo.
La cinta animada logra entretener al lograr personajes secundarios que ayuden a que la trama no decaiga con un personaje que solo debía lucirse unos pocos minutos en la saga del ogro verde.
Logra ser muy divertida cuando se ríe de los “westerns” y de la vida siempre huyendo de la ley. Es crucial en esto la relación amor-odio con Humpty.