STURLESE es un argentino que durante quince años se dedicó a la poda de plantas. "Me encantaban, y creo que lo hacía porque ese contacto con la naturaleza me inspiraba para otras cosas".
Durante esos años, Patricio estaba lejos de la escritura. Tampoco era un lector ávido de ningún género. Se sentía bien escuchando música.
La única señal que tenía de un futuro literario eran los juegos de roles que practicaba con sus amigos. "Era divertido cambiar los papales de los protagonistas y eso me hacía inventar historias".
Trabajando con la naturaleza ingresó a la carrera de Ingeniería Electrónica, la que abandonó a los pocos meses porque "era muy fría".
Cortando pasto durante el día y escribiendo en las noches, seguía ocupando la vida hasta hace no menos de un año. "Lo poco que duermo lo hago en las tardes; de noche, nada".
En el 2001 comienza a darle forma a la novela "El inquisidor", en medio de muchos contratiempos. Uno de ellos fue la crisis económica en su país, que lo llevó a dejar el trabajo que realizaba, porque sencillamente, la gente no tenía dinero para pagar por la jardinería.
En el 2003, y luego de muchos contratiempos, su primera obra estaba lista; era un poco más grande.
Sturlese tuvo que ponerle fin rápido, porque cuando se tiene mucho tiempo un personaje en la cabeza, eso causa estrés.
"No te imaginas vos lo que es levantarse y acostarse con todos los personajes de una novela".
En seis meses, mandó más de cien correos electrónicos a diferentes empresas editoriales, incluyendo una de Japón.
Los días pasaban, y las respuestas eran iguales: no.
"Escribir correos por seis meses más hasta que alguien me conteste con la respuesta que necesito", pensaba el escritor, que agrega que nunca aprendió de técnica de escritura para esta novela. "Sólo quería contar, y para eso me documenté".
Patricio, un estudiante de quinto año de Teología, hoy recorre el mundo contando la historia de una novela que escribió sin perseguir ningún fin extraordinario, pero que ha tenido un éxito inesperado.
Cuando la representante de una empresa española le contestó que su tiraje inicial sería de 80, 000 ejemplares, él sólo tenía cinco dólares en el bolsillo.
"De esto no esperaba tanto. Escribo para contar historias; no lo hago para hacer una muestra de lo que sé de la literatura. De hecho, en el colegio me iba mal en la asignatura de Lengua y Literatura.
Sin embargo, "siempre hay un momento en que hay que ponerse cara a cara con algo que se necesita; entonces me puse a aprender lo justo para escribir".
"Nunca me pongo a pensar cómo digo una cosa. Sencillamente lo hago de la forma natural como me va saliendo, al final hago pequeñas correcciones", agrega Sturlese.
"Mi inspiración primaria es la música. A partir de esta puedo desarrollar una escena.
Sobre su permanencia en el género novela, Sturlese, dice que se "me quedaré con este, no he pensado cambiarme".
Durante la escritura, se le quemaron dos monitores de segunda mano que le regalaron los vecinos.
Para mandar el manuscrito a España, gastó el equivalente a una quincena de trabajo como jardinero.
Tenía pesadillas con los personajes que creaba.
Un jardinero inquisidor
Patricio Sturlese escribió "El inquisidor", libro que lo hizo famoso en pocos meses, en medio del trabajo de jardinero.