"Un jovencito de 84 años" insertó un anuncio en un diario de Barcelona (noreste de España) solicitando "poder estructurar nuevas empresas, diseñar y dirigir actividades de marketing de productos de gran consumo o alta tecnología y establecer contactos y negociaciones al más alto nivel". Se trata de Raoul Hermitte, un jubilado de origen argentino que confiesa estar harto de hacer viajes y sacar a su mujer a pasear.
"Esta no es una vida correcta", lamenta Hermitte, que añora la agitada actividad profesional que llevaba hace unos años, y en particular "los éxitos y adulaciones" que recibía por su trabajo.
"Soy pretencioso", manifiesta Hermitte, quien añadió que, además, es un excelente publicista que ha conseguido llamar la atención de los diversos medios de comunicación que, como éste, le han llamado para conocer su historia. A la pregunta de EFE sobre si ha recibido alguna oferta profesional entre tanta entrevista, Raoul Hermitte asegura que "no, al menos de momento".
Este doctor en Ciencias Químicas protesta con un anuncio que, pese a ser "una broma", va totalmente en serio, ya que considera que, "a partir de cierta edad, se creen que sólo servimos para gastar en productos farmacéuticos", campo en el que por cierto, ha estado trabajando durante muchos años.
Además de trabajar en la industria farmacéutica, Hermitte conoce la industria alimentaria, cosmética y especialidades dermatológicas, según declara en su original petición de empleo.
Ahora mismo dice haber encontrado la fórmula de un "tratamiento para la piel eficacísimo". Sólo le faltan fondos para montar la empresa y una oportunidad que nadie parece estar dispuesto a brindarle.
"No es una cuestión de dinero", subraya Hermitte, quien declara cobrar cinco jubilaciones en tres países diferentes (España, Francia y Estados Unidos) y contar con los ingresos de una tienda propiedad de su mujer. "Yo antes he montado a caballo, subido y bajado los montes, he nadado mucho; echo a faltar esa vida activa", manifestó Hermitte.