Variedades

Un milagroso encuentro entre dos seres unidos por el amor


Lucía sintió que su alma había muerto el día que debió renunciar a su hijo de casi dos años para evitar que muriera de hambre. El alma le volvió al cuerpo cuando la mañana del domingo 13 de octubre habló por teléfono con su hijo Darío de Jesús después de 44 años de no saber de él.
En cuestión de segundos cruzaron por su mente tres imágenes desgarradoras de su hijo que siempre la acompañaron, una de ellas fue la de un día en que el niñito lloraba inconsolable de hambre. Otra fue cuando luego de deambular con su hijo desfalleciente en brazos, tocando de puerta en puerta en busca de trabajo y/o comida para él, una buena mujer le dio una zanahoria, pero al verle la carita al niño llamó a un hombre que parecía ser un doctor, quien revisó al pequeño, y le dijo que se estaba deshidratando por la diarrea. El buen hombre le obsequió dos frasquitos con medicina.
Ese día, más tarde, en una casa dos mujeres le dieron a Lucía la oportunidad de ganarse el sustento lavando un montón de ropa, pero el llanto de su hijo hambriento, luego de una hora la hizo claudicar. Le pagaron un peso y con eso compró azúcar y le dio agua con azúcar. La tercera imagen es la de su bebé sin pañales, vistiendo un mameluco hecho con pedazos de su propia falda. "Con esos pantaloncitos fue que se lo entregué a su padre".
Alta, guapa, elegante, vistiendo un conjunto negro de dos piezas y una blusa roja con negro, con un brillo especial en sus ojos tan profundamente negros como tristes hasta entonces, así se veía Lucía -mientras las palmas de sus manos se unían una y otra vez como en un rezo, a la vez que suspiraba y miraba hacia lo alto en señal de gratitud a Dios- cuando del otro lado del auricular Darío le decía "¡mamá!", la palabra que tanto añoraba él pronunciar y ella escuchar.
"Estoy muy agradecida a Dios. Es una gran persona, me parece. Es un hombre de valores, que es lo que yo le he pedido a Dios. A pesar de su tragedia fue capaz de mantenerse como un hombre decente. Lo que más gratitud me inspira es que tiene una familia, no está solo. Me parece que es flaco, demasiado maduro... No sabe usted cómo me dolió cuando escuché que dijo que tuvo que dormir en el parque", le comentó Lucía al periodista Hernán Posada, luego que escuchó parte de la entrevista que él le había hecho a Darío y transmitido el domingo 5 de octubre, fecha en que también transmitió la que le había hecho a ella.
Valga decir que por esas cosas incomprensibles que tiene la vida, Lucía no escuchó el programa del 5 de octubre, así que la atribulada madre el domingo del re encuentro no estaba al tanto de que habían localizado a su hijo.
"La vida me ha puesto una coraza, yo lloro por dentro...", decía, minutos después una Lucía más madura. Ya no es más la desvalida adolescente de 18 años que al encontrarse entre la espada y la pared, ante la disyuntiva de retener su hijo pero verlo morir o entregarlo al padre de éste, para salvarlo, optó por lo segundo.
Los radioescuchas del programa dominical matutino "Estampas Colombianas", a cargo del periodista Hernán Posada, en Radio Caracol Panamá, pudierons seguir de cerca el reencuentro de Lucía y Darío, luego del drama que les tocó vivir y que los marcó para siempre.
Sólo Dios sabe si alguna vez Darío de Jesús Barrios y su madre Lucía estuvieron cerca uno de la otra en San Blas. Ella, como parte de un grupo que visita comunidades pobres enseñando valores en incontables ocasiones visitó Ustupu, principalmente, y él, solía navegar desde Colombia a las islas por asuntos de negocios.
"Yo miraba en la bahía y cada hombre joven que veía pensaba "ese puede ser mi hijo". Sabía que tu padre hacía comercio con los indígenas", dijo Lucía a su hijo por teléfono, en una conversación en que se quitaban la palabra porque querían decirse tantas cosas que guardaron en su alma, corazón y mente por casi medio siglo.
"Conocerla era mi mayor anhelo, quería llamarla mamá, desde muy niño ese fue mi deseo, desde que tuve conocimiento de que Angela no era mi madre". Así dio Darío la bienvenida a Lucía. "Me parece que es usted un ser humano muy noble, hijo. No sé si merezco ser llamada mamá. Yo no me he olvidado de ti nunca. Y desde que tuve la desfortuna de ponerte en manos de tu padre oraba por ti todos los días para que tuvieras qué comer, para que no pasaras frío. Yo no te voy a pedir perdón. Yo creo que Dios es el único juez y ese juez conoce mejor que yo y que tú las circunstancias y ya a él le tocará juzgar el valor de nuestros pasos. Quiero decirte que tienes dos hermanas bellísimas", fueron algunas de las cosas que Lucía le dijo a Darío de Jesús.
Para Lucía y Darío de Jesús la vida comenzó otra vez el domingo 13 de octubre. Ya Lucía se puede quitar la coraza y dejar de llorar por dentro, ya puede volver a reír...la arruga del alma de su alma queda resuelta.


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107759
Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América