Cuando vivía en Catar, frecuentaba mucho un bar belga cerca de mi trabajo. Una de las tantas veces que lo visité fui acompañada de un grupo de amigos franceses, en esa ocasión uno de ellos, sentado frente a mí, ordenó un tartare de carne, mi cara al ver el plato fue de sorpresa, mezclada con un poco de duda y confusión. Él lo notó inmediatamente y procedió sin pensarlo a decirme: “pruébalo, vas a ver que te va gustar”. Yo, como buena cocinera, no podía negarme, pero confieso que la idea de comer carne completamente cruda, en ese momento no me convencía para nada, aun así me atreví, y créanme, cuánto me alegra haberlo hecho, ya que quedé cautivada con el plato y terminé ordenando uno para mi solita. En posteriores vistas al bar lo pedí muchas veces, de igual manera cuando visité Europa y específicamente Bélgica, donde el plato es muy tradicional.
El tartare de res también es un plato muy típico de Francia y usualmente se acompaña de “pommes frites” o papas fritas, tan famosas en ambos países. Los árabes también tienen una versión de este plato, el kibbe crudo, por lo que no es algo ajeno a otras culturas, pero definitivamente raro para Panamá, donde aún la mayoría de la gente prefiere su carne bien cocida o como digo yo “calcinada”.
Eso de bien cocida a mi criterio es un sacrilegio, especialmente cuando se trata de cortes de carne de muy alta calidad, recocer la carne hace que se pierda completamente su sabor y jugosidad, yo aprendí a comerla a término medio (tirando a cruda) en mi adolescencia en una visita a la casa de la playa de una amiga chilena, cuya familia es experta en asados y a los que jamás se les ocurriría cocinarlas pasadas de ese término. Al probarla comprendí inmediatamente el porqué.
Hace algunos días fui invitada por la gerente de mercadeo del Hard Rock Hotel a conocer su restaurante Tauro especializado en carnes, el lugar estaba muy lindo, concurrido y con gran ambiente, todas cosas buenas, pero lo que realmente causó más impresión en mí fue lo bien cocidas y sazonadas que estuvieron todas las carnes que me dieron a probar, el rojo perfecto y el punto de sal, ideal.
En los restaurantes de carne, yo usualmente recurro al salero varias veces y esta fue la primera vez en mi vida que no tuve que hacerlo, realmente quedé muy impresionada con esto, ya que muchas veces en otros lugares el término medio tira más a tres cuartos.
Por esto de nuestra costumbre de huir de las carnes crudas el tartare es un plato muy poco común en los menús de Panamá, hace algunos días conversaba sobre esto con mi hermana y le comentaba cómo lo extrañaba, tonta yo porque obviamente tengo la capacidad para hacerlo en casa, pero simplemente no se me había ocurrido antes. Finalmente lo hice y quedé feliz con los resultados, tan delicioso como lo recordaba.