Unos van dormitando, otros leyendo el diario, conversando, comiendo, mirando hacia afuera, meditando y de pronto se oye una voz que saluda y empieza a entonar una canción.
Es Walter Serna, quien conocedor de que baladíes son las excusas, hay que ingeniárselas para salir adelante, guitarra en mano, hace año y medio que se gana el sustento cantando temas propios y prestados en los “diablo rojos” y metrobuses. Su esposa, Claudia, se encarga de las finanzas.

Desde su natal Colombia un día hicieron las maletas, encargaron a sus familiares el cuidado de sus tres hijas y ¡aquí están!
Él culminó su licenciatura en música en la Universidad de Antioquía y ella estudió administración de empresas. Es la que hace que rinda cada centésimo en la gran empresa que es la familia.
“Trato de llevarle a la gente en cada canción un mensaje de paz”.
Es que él sabe que la tensión es mala consejera y roba tiempo, energía, alegría y esperanzas.
Hay que romper la rutina, se dijo y se dispuso a darle ánimo a los pasajeros del transporte colectivo, con la venia de los conductores que de paso la pasan bien con el trovador que también tiene en su repertorio “Color de esperanza”.
Lleva 20 años cantando, de 31 que tiene por estos caminos de Dios, al cual le agradece cada oportunidad de ganarse el pan de cada día honradamente.
Él y Claudia tienen una historia linda. La música fue la que les permitió conocerse. Ella necesitaba un músico para la primera comunión de su hijo. Un amigo suyo le contactó a un amigo que no pudo ir.
Entonces para no quedar mal con ella le dijo que tenía un primo que podría ir en lugar del amigo. Ese era Walter.
Claudia y él son felices, con sus hijos (cada uno tiene dos) que se quieren como hermanos: Valentina (11 años), Manuela (10), Nicole (7) y José Manuel (5).
Ella es muy organizada y excelente administradora de las finanzas, porque así como hay días buenos están aquellos en que no hay muchas entradas.
Él está disponible para serenatas, dictar clases y amenizar celebraciones.
Ellos se declaran enamorados de Dios que les dio el talento y le pone a las personas que los pueden ayudar en el camino.
Aconsejan dejar de quejarse de cómo está el mundo y cambiar uno primero.