Su padre admiraba a la poetisa uruguaya Alondra Bailey Muñoz. Por eso le puso Alondra. De adulta, conoció a su tocaya.
Alondra Badano tiene dos hijas, Laura, de 30 y Julieta, de 26, quien es la "culpable" de que ella ande como gallina culeca. O como gallina que acaba de poner huevo.
Está que "cacarea" la belleza, vivacidad y buen comportamiento del bebé, cuya luminosa presencia le está ayudando a llenar el vacío que dejó su madre, Agustina, quien falleció hace cuatro meses. Lo llamaron Agustín en honor a la abuela.
Alondra también tiene un hermano que es médico y reside en Argentina.
Llegó a Panamá veinteañera, desde México, D.F., luego de vivir en Europa y Montevideo.
"Muy dura fue la experiencia, llegar a Panamá y meterme a las bananeras, en Bocas del Toro. No había carretera entre Changuinola y Almirante".
Relata que cuando tenía que pasar el tren, debían salir de la vía. "Había que dejar pasar el banano, su retraso podría ocasionar que se pudriera. Nosotros también nos podríamos en la espera...¨ Pero, el banano no podía podrirse".
¡Qué tiempos esos! "Era un Macondo, una cosa terrible, pero a mí me encantó y me marcó la vida...".
Entre el teatro, el nieto, la lectura y la docencia ella divide su tiempo. Se declara fanática del teatro. "He hecho teatro, he actuado y he dirigido".