Una ballena gibosa, una especie que se encuentra en verano en los mares polares y en invierno en los tropicales, vive desde hace más de diez días en el golfo de Argólida (Peloponeso, sur de Grecia) en aguas del balneario de Tolo, para deleite de los cientos de curiosos que se acercan a verla.
Probablemente, el cetáceo, de 15 metros de largo y entre ocho y 10 toneladas de peso, llegó a la región siguiendo la estela de un barco, afirmó un pescador de Tolo, Spyros Kotrovitis, de 59 años.
De color azul oscuro, con el vientre blanco y grandes aletas, parece hallarse en perfecto estado de salud. Se trata probablemente de una hembra, ya que los pescadores y los miembros de la sociedad griega de protección de cetáceos la vieron acompañada por un ballenato.
Es la cuarta vez desde hace 100 años que una ballena aparece en la bahía, limitada por dos islote . El agua, clara y rica en plancton, parece gustar a la ballena, que se desplaza a treinta metros de la costa, soplando y dando saltos.
Los pescadores ya no lanzan sus redes y vigilan a los curiosos, que alquilan barcas para intentar aproximarse a la ballena.