Blanca Luz Pulido visita Panamá por primera vez, y lo hace como jurado del premio Centroamericano de Literatura Rogelio Sinán 2008. Hace poco más de dos meses recibió la invitación, que aceptó motivada por adentrarse en la obra poética de estos países, que aún sigue ausente en las tiendas mexicanas.
¿Cómo le hicieron la invitación? A una persona conocida en la Secretaría de Relaciones Exteriores de México, le llegó una invitación para que localizara una persona que quisiera ser jurado para el premio Sinán. Él me habló, porque no es la primera vez que yo hago algún trabajo de este tipo, digamos como jurado internacional tengo una trayectoria como poeta en México.
¿Qué hace Blanca además de ser poeta? Bueno, yo estudié Literatura, entonces como aquí o en tantos países, no se puede vivir del trabajo de escribir poesía u otros géneros, entonces trabajo profesional de correctora de estilo, aparte de dar algunas clases; todo, dentro del ámbito intelectual, me gustan los idiomas, traduzco del inglés, francés y portugués.
¿Es una poeta a secas, qué hay de los otros géneros? Bueno, digamos que a mí me gustaba, leía mucha poesía. La poesía en mí llega después de un trabajo de acercamiento con otros géneros. Ya cuando tenía unos 30 años empecé a publicar libros de poesía. También me gusta la crítica literaria, aunque no he publicado un libro de crítica propiamente, si he publicado sobre reseñas de libros, y ensayos sobre diferentes autores.
¿Cuál fue el plazo para leer las obras del concurso? Pues fueron como dos meses, más o menos. O sea más o menos a finales de febrero los recibí.
¿A qué hora leía estos trabajos? Este trabajo es mucha responsabilidad, así que a veces destinaba un día completo, a veces destinaba tiempos más breves, porque si uno (platicábamos esto con los demás jurados) lo hace de una manera muy continua uno se satura, y entonces hay que dejar como intervalos para que los diferentes autores vayan traspasando las fronteras de lo que uno tiene que hacer, en otra cotidianidad para llegar a preseleccionarlos.
¿Cuántas veces se lee un mismo trabajo? Primero se hace una lectura a vuelo de pájaro, para ver los trabajos más interesantes y descartar los que no son tan interesantes, digamos que para poder dedicarse más a los que son más interesantes. Es un trabajo que, en mi caso, porque soy poeta, es intuitivo. Entonces hay días que uno hace tres o cuatro horas seguidas, mientras que otros días es un momento nada más, pero que se va avanzando hasta llegar a los finalistas.
¿Qué sale de esa lectura? Ya se tienen los finalistas, que se leen con mucho más cuidado, para ver de veras, cuáles son los más interesantes y ver cuál son los finalistas o el finalista.
¿De las 48 obras cuántas fueron finalistas? Unas cinco, que tuve ahí más tiempo, leía una, leía otra, hasta que poco a poco se iba uno, se iba otro, se iban en un proceso muy paulatino. Quedaron dos al final y de esos dos, quedó uno.
¿Qué le queda de esta poesía centroamericana?
Bueno, en un futuro yo puedo decir que hay un gran estusiasmo, que hay talento y mucho, mucho trabajo, y muchas lecturas pendientes de hacerse, porque hay lecturas asimiladas, hay lecturas que faltan, hay a veces un tono muy sentimental que necesita temperarse con una poesía más centrada y no como de colorido, de ir más a lo profundo, que fue lo que encontré.