Josefa la última de los Echeverría Bazán ha dejado la tierra para reunirse con el resto de la prole de Inés y Juancho en la vida plena. En ella se reunieron muchos de los talentos y dotes que Dios dispensó a la familia Cristiana, de esas que pensaba de que la fe sin obra es fe muerta, además, creativa y emprendedora, fue confirmada por la educación recibida en la Normal de Santiago de entonces, donde se les insuflaba a los estudiantes un espíritu caballeresco, casi quijotesco, de id por los caminos a transformar el mundo. Por eso desde su primer trabajo como maestra rural en El Cristo de Aguadulce, Josefa, "Maña", fue una maestra especial, no se conformó con enseñar a leer y a escribir, a sumar y restar, logró que sus estudiantes aprendieran el arte de repujar el cuero y burilar el metal, enseñó cerámica y, con la sola ayuda de los libros, a cultivar la tierra, haciendo hortalizas para el sustento de la comunidad. Asimismo, promovió la educación de los adultos y enseñó al mismo tiempo a los hijos y a los padres, todo ello con la entrega y el servicio que la caracterizarían para siempre.
El campo quedó atrás, pero siempre lo llevaría prendido de sus anhelos de hacer florecer el espíritu solidario de sus estudiantes. Trabajó en la Escuela Normal de Modistería, La Santa Familia, con las Hermanas de la Caridad, allí encontró un molde apropiado para vaciar su espíritu cristiano y renovador, porque sus alumnas, jóvenes humildes y sencillas, la inspiraron. Allí, con ellas, catequizó, bautizó, casó a parejas, en las comunidades rurales cercanas a la ciudad. Ideó un trabajo conjunto con sus alumnas y los estudiantes del Artes y Oficios, quienes durante la celebración de la Semana del Campesino construían una vivienda, al estilo rural, la amueblaban con un mobiliario rústico construído con materiales de la comunidad y la vestian con un ajuar confeccionado según el mismo estilo. También era importante llenar de alegría a los ancianos del Hogar Bolívar y con sus alumnas realizaban una gran fiesta con regalos, música bailes y canciones.
Durante esa época participó en la Juventud Católica Femenina y su trabajo contribuyó a robustecer los principios y los valores de muchas jóvenes panameñas a través de su participación con otras muchachas en jornadas orientadoras bajo la tutela y guía de comprometidos e inspiradores sacerdotes.
Una experiencia mejicana inspiró su obra más querida, la creación del Instituto Rural Católico de Churuquita Chiquita, hoy Instituto Carmen Conte Lombardo: Por más de diez años batalló con tesón y denuedo en compañía de Marina Morón, Cecilia Alegre y otros compañeros, hasta la concreción de la escuela para que, como ella pregonaba, del Campo surgieran las fuerzas vivas de la nación.
Después de jubilarse se entregó al movimiento de las Muchachas Guías de Panamá, donde también dio muestras de ese espíritu creativo, rejuvenecedor y de su empeño y constancia. Ella fue en verdad un ejemplo de idear y hacer, de llevar las cosas del papel a la tierra. De hacer florecer la idea en la realidad.
Maña tuvo una vida plena, con mucho amor y muchas recompensas, como tía contribuyó a la educación de todos sus sobrinos, a quienes nos legó algo más que los buenos momentos pasados a su lado, heredamos el espíritu de servicio, la convicción de ser solidarios con todos, sobre todo en los más necesitados, y el deseo de entregarle al Señor nuestros talentos multiplicados.